Cuando tragedia se escribe con "M" de Morrazo...

Hoy solo cabe la tristeza. Por mucho que uno quiera hacerse a la idea de que la Vida es así... No es posible así, a bote pronto, el consuelo, eso cabe pensar. Estamos conmocionados. Desde que ayer a primera hora se supo lo que había pasado, estamos conmocionados. No va a ser fácil reaccionar. Y a las familias, mucho menos, desgraciadamente.

La desgracia se instaló en casi todos, salvo en 3 : el patrón del buque -Juan Padín-, su sobrino -Eduardo Rial- y un marinero de Ghana pero afincado en Marín -Samuel Kwesi-. Todo queda en O Morrazo : la alegría de estas vidas salvas, la tristeza profunda, inmensa, en razón a los que han muerto y a los que siguen desaparecidos pero ya casi sin esperanza -salvo milagro- de hallarles con vida.

En cualquiera de los casos, solamente queda rezar.  Para dar las gracias a la marinense Virgen del Puerto y a San Miguel Arcángel por los que se salvaron en medio del para ellos tan inmenso drama, al lado de tan impresionante tragedia para los demás.

Fueron allá, a los mares gélidos que recuerdan al Titánic chocando contra el iceberg, para ganarse el pan de cada día. Y acabaron hallando la muerte. En medio de la desesperación, habrá quien piense que lo de menos es la discusión de si al hundirse el "Villa de Pitanxo", se convirtió en ataúd para unos cuantos llevándoselos al fondo inmenso de aquellos mares; o si aquellas vidas se fueron en las balsas que de "salvavidas" poco tuvieron...

Todo O Morrazo reza hoy, por poder abrazar a los vivos, pero también para pedir a Dios en favor de los muertos. Pero... ¿hará falta pedir por ellos ante Dios, cuando han muerto así, sin aviso alguno, a traición -por qué no decirlo-, arrancados a la fuerza de la Vida, segados salvajemente por la guadaña de "La Parca"?. ¿Acaso no creéis que Dios misericordioso tiene que haberles acogido ya en su seno, que sus faltas, en una muerte así, están más que perdonadas...?.

San Martiño, patrón de Bueu, tan celebrado también en "Moaña de arriba"; la Virgen del Carmen, en todas las poblaciones de O Morrazo venerada... habrán recibido infinidad de peticiones de familiares y amigos, desesperados, pidiendo que sus allegados apareciesen vivos... Pero las horas pasan, la esperanza se reduce casi a la nada. Entraremos tal vez ahora ya, en la esperanza de que, cuando menos, si han tenido que morir en la tragedia, aparezcan y puedan ser recogidos sus cuerpos.

No miréis de donde son los muertos, los desaparecidos... todos son seres humanos. Y como tal, solo cabe llorar por todos. Pero si queréis circunscribir la tragedia a un lugar, no tenéis problema : los ganeses, los peruanos y los restantes de la tripulación eran todos afincados en O Morrazo, que ya lo explicó eso la alcaldesa de Marín. La tragedia es concentrada, ni siquiera repartida; para mayor impacto.

La frase de "Não me lembro de uma tragédia desta magnitude", destaca hoy en portada de más de un periódico portugués, donde el impacto de esta enorme desgracia ha sido también grande, publicándose la foto del "Novo Virgem da Barca", el pesquero lusitano que, desde el primer minuto, tan activamente participa en las tareas de búsqueda y rescate en aquellos mares. 

Saben bien los hermanos portugueses que esta vez le tocó a los "irmãos galegos", pero bien pudo haber sido a ellos, que comprando también rifas para la lotería que a veces sortean aquellos mares tan peligrosos, no están exentos de riesgos -y muchos-. Unos pescando bacalao, otros el fletán negro -al que tanto nos aficionamos desde décadas atrás con "la guerra del fletán" en tiempos del "compañeiro Soto"-.

El mar, el peligroso mar, que -de vez en cuando- en lugar de darnos el pan nuestro de cada día, se cobra vidas, así, de modo atroz, sin aviso alguno. El mar, que aquí, en Galicia, en Portugal también, ya nos tiene acostumbrados a la melodía amarga de tantas familias destrozadas. El mar que, a veces, ni siquiera devuelve los cuerpos de aquella vidas que se cobra... 

La tragedia inmensa del "Villa de Pitanxo" nos trae a la memoria tantas y tantas... Y es en O Morrazo, donde -inevitablemente- se avivan en esta ocasión, más y más, los nefastos recuerdos de tantas desgracias a lo largo de los tiempos... recuerdos que -en quien esto escribe- pasan por aquellos 16 muertos que en 1964 dejó el naufragio del "Centoleira", también por la tragedia del "Nuevo Viví" entre otras...

Los del "Villa de Pitanxo" fueron a morir en los mares de leyenda, en la Terranova que a pescadores gallegos y portugueses durante tantos años atrajo y aún atrae. Porque se ganaba buen dinero, aunque el riesgo era -y es- más que evidente. 

Por eso y porque en Galicia, en su propia costa, lo llevamos bien presente, ahí están los casi 1.400 accidentes registrados documentalmente y protagonizados por buques de todo tipo en las proximidades de las costas galaicas, según la información recogida por el investigador Rafael Lema Mouzo. Desde los más recientes, como el "Mar de Marín" -por ejemplo- hasta los más antiguos que se recuerdan. Y no es así en vano, que llamamos a un trozo de nuestra fachada atlántica, la Costa da Morte, que con 643 accidentes marítimos que se cobraron numerosas vidas, tiene más que merecido su nombre.

En las últimas seis/siete décadas, abundan en las costas de Galicia nombres de barcos que hallaron la desgracia, pesqueros y no pesqueros, que están bien presentes en la memoria de los gallegos : casos del "Ave del Mar" y el "Marbel", la colisión entre los petroleros "Bonifaz" y "Fabiola",  el desastre del "Casón" en Fisterra... 

Poblaciones como las de O Morrazo, saben mucho de este tipo de desgracias. Que se lo digan a Cangas, o a Moaña... que vivió tan intensamente aquellas tragedias del "Ave del Mar" (noviembre 1956) o del "Centoleira" (noche de Reyes de 1964, 16 muertos). Bastante más de seiscientos accidentes ocurridos en la costa gallega en el último siglo y medio...

Que el Santísimo Cristo del Consuelo de Cangas y Nuestra Señora de Darbo den a las familias que viven desde ayer por la mañana una tan desesperada situación, como consecuencia de lo sucedido con los tripulantes del "Villa de Pitanxo", la resignación cristiana y la fuerza necesaria para, en medio de tamaña desgracia, ser capaces de remontar en sus vidas, hallando en la fe y en la esperanza de una vida eterna para sus seres queridos, la consolación que tanto necesitan en esta trágica hora.

EUGÉNIO EIROA