Ni llueve, ni nieva...

En muchas parroquias de Galicia, durante el franquismo aquel de la “pertinaz sequía” de la que siempre hablaba el ínclito caudillo en sus discursos, los curas sacaban a los santos a pasear alrededor de las iglesias “en rogativa”. Cantaban cantos repetidos hasta la saciedad imitando a los chamanes que hacían danzar a las tribus de África o del Amazonas.

En el siglo de la alta tecnología, cuando Bugallo alcalde quiere para Compostela taxis voladores, cuando Caballero alcalde tiene el poder de hacer una Navidad que cuatro meses dura y, sobre todo, cuando en las iglesias también se habla de pederastia… ningún sumo sacerdote se atreve a pasear santos por temor a quedarse solo ante la figura de madera, del siglo XIX, que representa a un buen hombre de gran experiencia religiosa.

El caso es que, sin rogativas, sin Franco y sin nubes, no nieva en la playa como quería mi meiga porque así se llenarían los pozos. Ni siquiera llueve lo suficiente para que luzca más la nueva lagoa de Antela que desecaron para plantar patatas.

Pero como no hay mal que por bien no venga los peregrinos a Santiago tienen mejor tiempo para su peregrinación, los ociosos -que suelen ser muy mayores- ya pueden ir a la playa en febrero y sobre todo, no llegará a nuestros predios ese frío siberiano que todos los inviernos deja muertos en las calles de los estados de la vieja Europa ateridos de frío, congelados, como le ocurrió en París al fotógrafo suizo René Robert, considerado el gran artista de la imagen de los flamencos.

Yo rezar no rezo, pero, por si existiera un Dios y fuera bueno, me dirijo a él para que nos conceda la gracia de la lluvia, que el agua es la vida. Y puestos a pedir, un poco de nieve para que luzcan mejor las montañas. Y aún más, que toque la conciencia de esos políticos que duermen bien calentitos, incluso con amantes, para que no haya mas muertes en las rúas ante las indiferentes miradas de la gente insensible de una sociedad imperfecta. Amén

Mientras… fíjate en los signos que explican el universo esférico: el fuego, el aire, el agua y la tierra.  Son los imponderables que demarcan las ideas perfectas… El Fuego, el sol que aquí nunca quema. El Aire, que rompe el silencio de la sierra. El Agua que da mil formas a dos mares y a mil ríos de vida. La Tierra… la nebulosa maternal de Galicia. No te pierdas los senderos que conducen al espacio perfecto. Son aquellos que te permiten tener a la vista el brillo del mar y ese verde prado trepando hasta la cumbre. Es para lo que sirve el veranillo… en tiempo de invierno. Aunque dice MeteoGalicia que esto puede cambiar el fin de semana próximo.