Réquiem por el Comandante


Algunos de mis amigos de guerra ayudaron a aquel Frente Sandinista que iba a ser la solución para Nicaragua. Se fueron del gran Vigo para ayudar a los guerrilleros, camaradas del hoy presidente Ortega, a quien los tiempos cambiaron cara, alma y corazón. Se internaron en aquellas selvas donde impartían clases y cauterizaban las heridas de las balas de la dictadura. No sé para qué. Para ser sincero, entonces ya se hablaba de intereses personales y de mala sintonía con la gente campesina, pero ahora que tienen el poder se nota como ejercen de dictadores profesionales, encarcelando a la gente con principios e incluso torturándola y matándola. En Managua se escuchan hoy gritos de ¡Asesino, Asesino! Van dirigidos al que fuera líder del Frente y supuesto compañero de armas de los desfavorecidos.

Los gritos rinden tributo al general Hugo Torres, al que Ortega encarceló y dejó morir hacer unos días en la que dicen es la peor cárcel del mundo, en la que no hay ni un mínimo respeto a los derechos humanos.  Al comandante Torres, de 73 años, lo había arrestado la Policía Nacional, el año pasado, antes de las elecciones, junto a otros 45 opositores del régimen dictatorial de los que aún se atreven a llamarse sandinistas.

Torres murió sin que se le abriera una causa judicial y fue sometido a torturas en el penal de El Chipote, causa de su fallecimiento. Fue una figura clave del sandinismo aquel que luchó al lado del pueblo y mereció el título de Comandante Uno. Arriesgó su vida en múltiples acciones militares contra el régimen de Somoza y salvó de la muerte segura a un grupo de compañeros -entre los que se encontraba el propio Daniel Ortega- liberándolos de la cárcel somocista.

Gabriel García Márquez, en sus crónicas de aquella guerra, brindó merecidos elogios al General Hugo Torres cuando tomó con sus soldados el palacio presidencial de Somoza. Hoy Gabo escribiría la mejor necrológica del general, por el que desde Galicia entonamos un réquiem, destacando su hombría de bien y su importancia histórica en aquella Nicaragua que luchaba por las libertades del pueblo. A Ortega le diremos con versos de Nicolás Guillén…

Cuando llegues, donde quiera que vayas, será una pena que no exista dios… Pero habrá otros dignos de recibirte, comandante”.    

XERARDO RODRÍGUEZ, director de GALICIA ÚNICA