La Guerra nos ha pillado, como antes la Covid, con demasiados cuentistas en los puestos de mando...

Lunes. La cuesta del lunes es mayor, cuando llegan de la Guerra las malas noticias que llegan. No hay quien pare al carnicero de Moscú. No va a conocer Ucrania ni la madre que la parió. Y a ver cómo queda luego su territorio, en cuanto a dueños futuros de la finca... El carnicero como mínimo querrá unas cuantas parcelas del suelo invadido y... arrasado.

Pero la Guerra sigue. Y asistimos a la oleada de declaraciones de políticos y supuestos entendidos lamentando la que se avecina. La otra Guerra, la económica, que aseguran de desastrosas consecuencias. Todo son lamentos y malos augurios. Ninguna buena noticia de que se estén trazando ya planes para caminar en el futuro con menos dependencias externas... Como si Europa fuese impotente, como si no tuviese por si misma capacidad para alimentarse y auto-abastecerse, a partir de invertir en si misma, a partir de potenciar su agricultura, sus manufacturas, la elaboración y fabricación en su propio territorio...

No escarmentamos con la Covid, que descubrió la gran dependencia de China. No escarmentamos ahora con la Guerra, que deja al lado la vergüenza de depender del nuevo oro de Moscú : el gas, el petróleo... y de comprar en el barato-barato que por el lejano Oriente ofrecen.

El ciudadano de la calle, el ciudadano europeo, comienza a ver que en la clase política que rige la llamada Europa Unida, hay demasiado inútil, demasiado postureta, demasiado incompetente. La Guerra nos ha pillado, como antes la Covid, con demasiados cuentistas en los puestos de mando...