"rbtribuna") Por el final de las absurdas fronteras (políticas, sociales, burocráticas, económicas...) que aún subsisten entre España (singularmente Galicia) y Portugal...y que tanto perjudican a la ciudadanía ibérica

Hablando de las más bellas... Norma Duval, la Bella Otero...


- Confieso que Norma Duval era una de esas vedettes del espectáculo que no me caía bien a pesar de poseer una belleza escultural digna de mi admiración. Pero el otro día la vi en la tele, en un programa-concurso, donde los famosos tienen que superar pruebas para mí insuperables. Norma, a sus 66 tacos, aguantó mas de tres minutos en apnea que es mucho aguantar bajo el agua de una piscinita de esas que utilizan los magos.

Lo que me transmitió esta vez la señora fue pura empatía. Ya no solo porque reveló el secreto del éxito conseguido -relacionado con su hermana fallecida- sino también porque traspasó la pantalla para compartir con los espectadores sus sentimientos. Eso es muy de agradecer en una vedette que reinó en el Folies Berger de París, considerado el mejor cabaré del mundo. Allí se encontraría con el espíritu de la gallega Carolina Otero, la reina del espectáculo mundial en los años de la Belle Époque.

Desde Camporredondo, el más popular mirador del territorio pontevedrés de Valga, la vista alcanza el valle del bajo Ulla, que fue paisaje infantil y adolescente admirado por Carolina Otero, a la que el mundo aplaudió como la Bella Otero. Cuentan que a la orilla del río sufrió y también amó por primera vez. Y fue el espejo del Ulla el primero en descubrir la belleza de un cuerpo escultural, por el que perdieron la cabeza, nobles y villanos ricos de uno y otro lado del Atlántico.

Carolina Otero descubrió los placeres de la riqueza en Lisboa y posteriormente en Barcelona.  Pero sería en París, en el Folies Bergere, en donde adquirió tal fama que se convertiría en la gran estrella de la danza, en la más popular vedette, de cuantas bailaban en los escenarios más importantes del mundo.

Carolina Otero, la Bella, es una mezcla de drama y aventura según nos fijemos en su infancia, en su esplendorosa juventud o en su madurez. Nació pobre, vivió rica y murió en la absoluta ruina, en la ciudad francesa de Niza, en 1965, cuando contaba con 97 años.  Su leyenda, por ser también hermosa, está presente en todos los rincones de Ponte Valga, la parroquia en donde nació, en 1868.

XERARDO RODRÍGUEZ, director de GALICIA ÚNICA