¿Qué más tiene que pasar para que todos, de una puñetera vez, condenen este genocidio?

Matanza en una estación de tren. Es la última -que se sabe- de los soldados rusos en acción. Hace ya semanas que vale todo. Y cuanto esto más dure, más atrocidades veremos. El Mundo se ha vuelto loco de la mano del carnicero de Moscú. Pero los otros dirigentes del Mundo no son capaces de ponerle freno. Tratan de lavarse la conciencia los que más, soltando dinero y armas para Ucrania, o lo que queda de Ucrania, que ya es mejor empezar a decir así.

Es fin de semana de abril. Triste abril. De guerra, de muertos por doquier. De atrocidades en esa Ucrania que ya se ha acostumbrado a vivir con la guerra, o eso dicen los que allí siguen y no han huido por el Mundo adelante. Está la cosa mal, muy mal. Pero : ¿acaso esperábamos algo distinto?.

Matanza de civiles en la estación de Kramatorsk que estaba repleta de ucranianos que huían de la guerra. El misil ruso que destruyó la estación y acabó con 50 vidas tenía pintado el lema : «Por los niños». ¡Manda huevos!.

Es fin de semana. El Viernes de Dolores va a quedar atrás y, muy pronto, entramos en la llamada Semana Santa. Para dolor, el sufrimiento de los ucranianos; eso que parece suscitar reticencias en el señor del Bloque sentado -o de pie, es lo mismo- en la Carrera de San Jerónimo, en otros independentistas (de la Cup) o en ciertos individuos del Partido Comunista Portugués que, al igual que ese jerarca del Partido Comunista de España que vive de un sueldo de Secretario de Estado por la vía de Podemos, resulta que son alérgicos a condenar con rotundidad la invasión de Ucrania.

Es fin de semana. ¿Qué más tiene que pasar para que todos, absolutamente todos, sin matices, sin ambages, sin medias tintas, sin chau-chau, condenen de una puñetera vez este genocidio...?.