"rbtribuna") Por el final de las absurdas fronteras (políticas, sociales, burocráticas, económicas...) que aún subsisten entre España (singularmente Galicia) y Portugal...y que tanto perjudican a la ciudadanía ibérica

Con los excelentes apuntes de Xerardo Rodríguez) Hablemos de los "Espacios Naturales de Mar" en Galicia

Hay sitios en Galicia de los que todo el mundo oyó hablar… pero pocos los conocen. Los Espacios Naturales de Mar, además de responder a peculiares accidentes geográficos de especial protección, son lugares únicos que no debes dejar de visitar.

Te invito a dar un paseo por siete de estos paraísos que suponen la gran reserva ecológica gallega. Son los grandes atractivos de la Tierra Única por eso merece la pena la excursión. Te llevaré de postal en postal siguiendo la estela de la belleza de esos lugares magníficos bañados por nuestros dos mares.    

LA MAR DE VIVA

CABO SILLEIRO, ILLAS CÍES, COSTA DA VELA.

El acantilado de Cabo Silleiro está bañado por un mar infinito y es el más impresionante mirador atlántico del sur gallego. Sobresale en el trayecto entre A Guarda y Baiona, azotado por la espuma blanca de las olas que se deshacen contra las rocas. Cuando la noche se funde con el día, el mar toma el color del atardecer dorado, que únicamente rompe la luz-guía del viejo faro.

Pocas millas marinas mas allá, las Islas Cíes guardan la bocana de la Ría de Vigo y emergen majestuosas y bellas sobre azules. Configuran el espacio natural más popular de este mar. Son piedra en su cara sur y blanca arena por el norte. Las antiguas Illas Ficas hay que gozarlas recorriendo los legendarios senderos, entre viejos pinos que nacen sobre un manto verde… desde la Playa de Rodas, la más bella del mundo para el periódico británico The Guardian.

Enfrente a Cíes, mas playas entre las dos agujas que marcan el principio y fin de la llamada Costa de la Vela. Son las puntas Robaleira y Subrido, y Cabo Home, a donde es posible llegar a pié desde Donón y poder tocar de cerca, la belleza más abrupta.

ONS, A LANZADA.

Las Ons son también Illas Atlánticas, Parque Nacional. En ellas habitan –junto a cormoranes y gaviotas- los mejores mariñeiros de este mar, conocedores del secreto refugio del mejor marisco. Tiene su paisaje un aire entre el azul y el verde, que destaca en los días de los cielos claros. La Ons es playa abierta al visitante y la Onceta cueva misteriosa que invade la espuma blanca. Aquí nos nacen aguamarinas en las manos, mientras el viejo faro encara la centenaria capilla de Nosa Señora de A Lanzada, que cura los meigallos.

A Lanzada, playa ancha y larga que baña el mismo Atlántico, y sistema dunar recuperado y protegido. Punto de encuentro de las aves viajeras, que buscan refugio en el verano cálido. Paseo de salud contemplando las mareas y escuchando las voces del mar. Las mismas voces de olas que se deshacen en la arena. Una y otra vez, conciliando la luz contraria.

AROUSA, SÁLVORA, CORTEGADA.

Tiene el mar de Arousa una luz especial, con la que la sombra estalla hacia el sol, dibujando un dorado horizonte de islas. La de Arousa es la más grande y habitada; y emerge de la ría, entre espacios verdes protegidos y arenas solitarias. Tiene la fuerza del pasado, forjado en el esfuerzo de sus mariñeiros. Y es vida en el presente, que convierte aquellas lágrimas en oro y diamantes, que brillan sobre el espejo del agua. Esta Illa es la perfecta conjunción de la fuerza del hombre y la vida a pié de mar.

Cortegada es territorio por conquistar, que preside el encuentro del Ulla con el Atlántico. La envuelve la leyenda de los más antiguos habitantes, soldados de ejércitos fantásticos. Una Illa verde que alimenta todo tipo de árboles, sobre los que se desliza el viento, suavemente, como un canto de sirenas.

En Sálvora hace tiempo que la roca perdió su tono solitario y su condición de nido preferido por las aves marinas. La pequeña playa está envuelta en el rumor de legendarios tesoros ignorados. La Illa espera paciente, día a día, la llegada del velero de la vida.

CORRUBEDO, MONTE LOURO.

Corrubedo tiene cada día una luz nueva. Luz celeste, del alba o del atarceder, que se refleja en su gigante duna móvil, única en el litoral gallego. Configura uno de los más hermosos paisajes de la costa atlántica: mar azulado, playa abierta, lagoa misteriosa de Carregal, aves volando por un cielo de infinita pureza, legendarias aguas de Vixán… Sobre Corrubedo se columpian las olas, revestidas de blanca espuma, al compás de una bella sinfonía marina.

La misma música que se escucha en la calma de la tarde al pié de Monte Louro. Aquí el Atlántico impuso su fuerza al pequeño río Longarelo, obligándole a formar la Laguna de As Xarfas. En sus aguas renace cada noche la leyenda de la ciudad sumergida, nueva Atlántida imaginaria, iluminada por el viejo Faro que vuelve su mirada a las Américas, cuando las sombras de nubes huyen con la llegada de la noche.

FISTERRA

El paisaje y el mito. La historia y la leyenda. Tal vez estos sean los motivos principales por los que algunos faros de la costa de Galicia se han convertido en puntos de gran atracción turística. Los hay que incluso reciben más visitantes que algunas de las ciudades, como por ejemplo el del Fisterra.

Este es el final de los caminos a Compostela y es el lugar donde los romanos creyeron que se acababa el mundo. Construido en 1853 el faro nunca supo de romanos, pero si recibe al año más de un millón de turistas y sobre todo peregrinos.

Su leyenda está más arriba del alto de San Eugenio, el lugar de emplazamiento del edificio más antiguo. Habrás de subir hasta el monte do Facho para obtener la mejor postal del horizonte atlántico y conocer los lugares sagrados de los nerios, de los celtas y de los cristianos que siguieron la huella del Apóstol hasta las Pedras Santas. Desde ellas, el descenso hasta el Faro acongoja.

En la punta del cabo, los peregrinos encienden una hoguera para quemar sus pecados y así alcanzar la eternidad. Este rito tiene lugar en el momento en el que sol incendia el océano, fundiéndose en el mar, como el oro que se llevaron de Galicia los romanos.

TEIXIDO, A CAPELADA, OS AGUILLÓNS.

Si en algún lugar pervive el alma es en esta Sierra da Capelada a donde vienen de muertos quienes no lo hicieron de vivos. Así reza la leyenda de San Andrés de Teixido, que tiene santuario, al que llegó –como Santiago- en barca de piedra.

Porque nadie es eterno, este paisaje de absolutos silencios es una cadena de luz con sombras. Pero cuando el sol va hacia el poniente y deja sobre el mar su último rayo, es cuando se escucha la música perfecta… y cuando el faro, majestuoso, ilumina Os Aguillóns con intermitentes luces que marcan la fusión de dos mares.

Saltan las olas por encima de las rocas esculpidas y el paisaje llena todo el espacio que alcanzamos con los ojos.

O BARQUEIRO, ESCULTURAS CANTÁBRICAS.

Al norte más norte de la Galicia ya cantábrica, el mar violenta la Estaca de Bares, mientras la Ría do Barqueiro se vuelve tierna y calma, al otro lado del Faro, meciéndose con suavidad sobre las milenarias piedras del puerto fenicio.

Son los espacios que procuramos para abrir el mar a la ternura del paisaje, espejo de la luz que mas amamos. Principio de una costa que es roca y arena. Y espuma blanca que producen las errantes olas. Piedra esculpida por el batir del agua cuando el Cantábrico brama. Arena blanca que configura la playa del delirio, en la que nacen las palabras de sal de los poetas.

Esta es la cantábrica costa gallega, origen del paisaje más hermoso.

Xerardo Rodríguez, director de GALICIA ÚNICA