Recuerdo del alquimista...


Aquel primaveral día que fui a O Páramo ya buscaba la sombra del Pico Grande, que es por donde suben los cúmulos-nimbos cuando el cielo se vuelve cárdeno y las tormentas huyen de los peregrinos para no molestarles en su apresurado caminar.
 
Los peregrinos aparecen aquí incansables. Vienen por la senda que proviene de Francia y se proponen llegar a Compostela sin prisas, de ahí que les entretenga contemplar, con ojos de sorpresa, este paisaje único, el que alcanza la mirada desde la depresión de Sarria hasta Paradela.
 
A poco que inicies una conversación con cualquiera de los que convierten en universal este trayecto, te darás cuenta de que estás en una ruta de cultura común, de múltiples acentos, de fe e incluso de devoción… Pero también de encantos naturales únicos.

Yo conocí al alquimista que buscaba tierras y piedras de colores en el Pico Grande para, por puro placer, vestir de arte su casa de aldea. Dibujaba su mundo con la arena que pegaba a la madera con elementos naturales.
----- Mi vida es campesina: como los alimentos que cultivo y procuro agradecerle a la Naturaleza lo que ella me da…

Si te detienes a contemplar todo lo que le rodea verás como el verde se posa sobre el otro verde, mientras el horizonte de la montaña te envía ese halo espiritual que precisas para que te llegue al alma el arte del alquimista junto a la magia del paisaje.
Cuando dejas atrás la soledad de aquel hombre, contemplas en el espejo del agua todas las ideas perfectas que asombran a los caminantes.

XERARDO RODRÍGUEZ, director de GALICIA ÚNICA