Esta mañana me ha despertado Alsina desde su onda hablándome de Putin y de las intenciones de Putin. No pude tener peor despertar. Las amenazas de este hombrecillo -me pregunto por qué todos los dictadores son bajitos- suenan a derrota y dan nauseas. Ahora moviliza a los de la reserva, que son los veteranos de su ejército, los que aún no se han librado de volver a la mili. Del alma me sale aquello que se decía de ellos: “son carne de cañón”. Pobres.

Entonces, una vez bien despierto, me digo hoy a mí mismo la suerte que tenemos algunos de no haber nacido en países como Rusia, cuya historia está marcada por la tiranía de sus dirigentes: zares, comunismo puro y duro, pseudo demócratas, oligarcas corruptos, dictadores de última hornada… ¡Nunca han tenido un gobierno demócrata! A los pobres rusos, a la gente común, les ha tocado bailar con los mas feos y sus revoluciones solo sirvieron para acrecentar el poder de unos pocos, a los que solo les importa su vida de lujos. Nada más.

Los expertos en este tipo de conflictos, que se televisan a medias, dicen que Ucrania está ganando la guerra y que los rusos están retrocediendo. Que por eso Putin ha organizado unos cuantos referendos para decirle al mundo que él es un demócrata y los ucranianos de los territorios invadidos de Jarpov, Lugansk, Donesk, Mariupol y alguno mas que se me escapa, van a votar que quieren ser rusos. La ONU rechazaba ayer los referendos y Putin salió a la palestra amenazando con utilizar armas de destrucción masiva. Las palabras del ruso las tradujeron las teles como armas nucleares, lo que dio pie a Antonio Guterres, secretario general de la ONU, para pronunciar su apocalíptico discurso en el que denunció “la existencia de un gran peligro global que afecta a toda la Humanidad y al Planeta”.   

Mañana no sé qué va a pasar. Hoy siguen recuperando su territorio las tropas ucranianas. Pero… nadie sabe cuándo va a parar esa guerra. Una guerra tan cruel que se desentierran los muertos para saber quienes son y se descubre que han sido vilmente torturados y asesinados.

Hace muchos años que no creo en la ONU, así que hoy tampoco me creo que de su asamblea salgan soluciones para un conflicto salvaje, que aún encima ha originado una crisis mundial energética y alimentaria.

XERARDO RODRÍGUEZ