Texto : Xerardo RODRÍGUEZ. Foto : Galicia Única
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¡ES LA VIDA!    

—- Y tú…. ¿Cómo te enteraste de que eras mayor?

—- Me lo dijeron en el trabajo, me contaron que ya no estaba para subir al andamio…

—- Pues a mí me empezaron a doler las rodillas cada vez que me agachaba… Estaba prejubilado y no sabía qué hacer. Dormía mucho. Veía demasiado la tele. Vivía sentado todo el día…

—- Cuando me mandaron para casa, tampoco yo sabía que hacer.

Tú aún no te enteras, mi amigo, pero el invierno entra en nuestras vidas para rodearnos de largas y dulces melancolías. Lo hace cuando, como ya no tienes prisa, te miras fijamente y con detenimiento en el espejo: ves como las canas tiñen de blanco nieve tu cabeza, las arrugas marcan los senderos en tu frente, tus ojos han empequeñecido y te notas cansado, muy cansado después de cada ducha.  

Entonces te propones abrir la puerta que conduce a esa nueva vida templando el espíritu con tus colegas sabios, escuchando sus ilustradas palabras, mil batallas curtidas por el paso del tiempo.

Y procuras seguir con tu vida, te reinventas, haces esas cosas que nunca harías y te lo vas creyendo hasta que te despierta el joven colega que te escribe un mail que termina siempre…

—- ¡Un abrazo maestro!

Sin embargo tú no te rindes y te vas con Ginés a pasear la ruta del colesterol. Es lo que toca. Luego lees, escribes, escuchas la música de tu tiempo y pierdes la mirada en el bello paisaje que percibes desde la ventana.

Y si te pregunta el vecino…

—- ¿Cómo estás amigo?

Siempre le dices lo mismo…

—- ¡Ímola virando!

Todo va más o menos bien hasta que te dan el susto y los cuatro médicos que te rodean un buen día te dicen que…

—- Tienes que descansar; en los próximos días, nada de hacer esfuerzos, nada de escribir, deja tu mente en blanco y olvídate de que el mundo existe.

Eso es, justamente, lo que me dijeron tras el diagnóstico.

Así que mi gente, vosotros me perdonaréis que esta Galicia Única sea como el regato aquel en el que nos bañábamos que ahora aparece y desaparece como consecuencia del cambio climático.

Lo mío es otra cosa, ya sabes que a los médicos hemos de hacerles mas caso aún que a nuestras mujeres cuando nos dan consejos de matriarca de la vieja estirpe marinense.

Por la amistad que os profeso y el agradecimiento que os debo por vuestra semanal dedicación durante tantos años, os regalaré nuevas postales del país cuando mis manos me lo permitan. Como hoy.  

NIEBLA

La Niebla confunde las laderas de la sierra y las colinas surgen del paisaje, silenciosas, encantadas de sí mismas.

 (Estoy muriendo lentamente. Soy Julian Assange).

¿En dónde estáis hoy todos aquellos que utilizasteis sus informaciones para llenar de egos vuestras columnas con las primicias de los secretos de los estados y las corruptelas de los estadistas?

Xerardo Rodríguez