Mariñeiros do Morrazo) Londón de Ames
MARIÑEIROS DO MORRAZO
Recuerdo mis veranos en Rodeira cuando me llamaban todos rapás; me encantaba verlos partir desde la punta del muelle y navegar hasta la mitad de la ría; iban a remo, que aún no se habían inventado los motores fueraborda. Luego, en la hora del regreso, volvían todos y cada uno me enseñaba su pesca.
A estos mariñeiros que ya pasaban de la edad siempre los consideré mis amigos y más aún cuando Churruca me llevó a pescar con él y me enseñó el refugio de la nécora y del pulpo. Por eso lloré aquel día en que Lito no volvió, ni siquiera de muerto. Se lo tragó el mar. Quizás Neptuno le ofreció la ría como cementerio.
Los marineros de Cangas son todos como arena de una misma playa y algunos de esos jubilados que siguen a bordo de la gamela conocen los siete mares como la palma de su mano.
Cuando estaba en el Diario de Pontevedra quiso mi dios que conociera de cerca la tragedia del mar y Angel Huete me encomendó que le contara a nuestra gente el naufragio del Centoleira.
Era un barco del cerco con base en Moaña que se hundió a las puertas de casa, en medio de esta ría de Vigo que todos vemos tan bella.
Entonces, allá por el 1964, los 17 cadáveres de otros tantos marineros de Moaña fueron rescatados ante mis ojos. Nunca pude olvidar aquellas escenas.
Mi crónica empezaba así…
—– Navegar es indispensable. Vivir… no lo es.
LONDÓN DE AMES
Hay una zona de Santo Tomé de Ames a la que llamamos familiarmente Londón, con acento en la segunda ó. De ahí partieron y volvieron muchos de mis vecinos de la proximidad. Tienen aquí sus casas, pero sus pensiones son británicas después de toda una vida al servicio del Reino Unido.
Si le preguntas por qué creen ellos que los británicos se fueron de la Unión Europea, te contestan:
—- ¡Ay! ¡Alá eles que sempre foron mais listos ca nós!
Te lo dice Manolo –ex celador de un Hospital londinense- con retranca y como buen conocedor de la flema inglesa.
—- A ver si volven a aldea os días típicos ingleses, porque eu sigo abafado.
—- ¡O mellor pintándolle aquí un arcodavella sae do inferno o verán, Manolo!

