Respetemos la Tierra...
RESPETEMOS LA TIERRA
Esta mañana de jueves, gris de amanecer, mirando fijamente la foto que preside el espacio -la de mis nietos Paula y Guille cubiertos con túnicas tuaregs en el inmenso Sáhara de mi juventud- me quedo pensando en la buena gente que conocí aquellos días de mili; aunque siempre me pareció un desierto plagado de escondites para los demonios de los que me hablaba Alí, el único guía capaz de adentrarse conmigo en las cuevas de las montañas negras de Aussert. Rezaba con mucha fe al dios Alá y me contó que había leído el Corán dos veces a sus cuarenta y pico. Era un tipo genial al que le perdí la pista cuando España entregó su patria a Marruecos, pero de él aprendí el respeto por la Tierra, aunque sea tan árida como la suya.
¡DEJEN DE APOYAR A LOS SIONISTAS!
El devenir de estos tiempos de asesinos y genocidas, sin embargo, hizo que los demonios se parapeten ahora en esa Tierra Prometida que, según ellos, los sionistas, se sitúa en el muy antiguo estado de Palestina. Nadie está de acuerdo con el terror que siembran esos demonios que matan de hambre a los niños inocentes con el único objetivo de acabar con la etnia, al mas puro y moderno estilo nazi. Pero el genocidio sigue y a mi me revuelve las tripas todos los días, sobre todo cuando me acuerdo de la nobleza de aquellos tuaregs del desierto, que sobrevivieron a miles de tormentas de arena, causadas por el siroco o el simún. Alí me dijo que en el Sáhara también existen unas montañas blancas en las que viven los ángeles de Alá y que serían ellos los que liberasen a la humanidad de tanto mal…
Me gustaría que todos los ángeles buenos formasen un ejército capaz de acabar con los demonios expulsándolos para siempre del paraíso ocupado. Porque… para colmo, el sionismo, -este cuya doctrina dictó León Pinsker ya en el siglo XVII- no contempla Palestina como la única región para el asentamiento de los judíos. ¡Yanquis, dejen de apoyarles!
NOS APLASTAN
Yo, que no entiendo nada de economía, acudo a mi vecino Luís, que sí que entiende. Para empezar, le pregunto si paga los mismos impuestos que yo creo que paga… y me cuenta:
—– El 22% de mi modesto salario se lo lleva el IRPF… Por circular por una pista asfaltada llena de baches pago 500 euros de Impuesto de Circulación… Cuando echo gasoil al coche, pago el 50% en concepto de impuesto… Por haber comprado una casita pequeña pago 450 euros de catastro… Al Ayuntamiento también le pago el agua y la recogida de basuras… Pago el más elevado IVA de todo lo que compro… ¿Sigo?
Luís es economista y minucioso, de los que lleva sus cuentas al dedillo. Sus impuestos suman al año nada menos que 16.000 euros; además afronta una hipoteca y eso sí, ha dejado de comer de restaurante los domingos por falta de presupuesto. Tampoco se va de vacaciones como antes y solo se permite el “lujo” de conquistar conmigo el monte San Marcos por un sendero que no arreglan desde hace nueve años…
—– Ese es el resultado de las medidas económicas… ¡Trabajar diez horas diarias -el que puede- para tal vez ir tirando!
También le pregunté a Luís si le habían subido el sueldo, porque ya que todo sube…
—– Subieron los impuestos, la luz, la cesta de la compra, incluso las rebajas… suben. ¡Pero a mí me bajaron el sueldo un catorce por ciento en cinco años! Ahora… no solo tengo el salario congelado, sino también mi casa, porque he tenido que reducir la calefacción.
Luís es un ejemplo de lo que antes llamábamos clase media, esa que ha desaparecido de las definiciones demoscópicas porque ya no existe. Ahora solo quedan ricos empresarios y pobres empleados, los que han sido capaces de conservar el trabajo, que del paro no se habla.
Dicho lo anterior y sin meterme hoy en los asuntos de los pobres de solemnidad que denuncian Cáritas, Cruz Roja y demás oenegés… no veo por ningún lado el risueño panorama con el que nos intoxican. Salvo si me limito a analizar a la clase política, que algún diputado tengo en la misma parroquia…
Verás, su señoría es de los de Casa Grande, BMW, le abastece a domicilio El Corte Inglés y acaba de llegar de sus santas vacaciones en el Caribe.
—— Este diputado sí que ve como repunta su Economía… ¡Este sí!
Los demás no. Y lo que más indigna es que, según la llamada casta, o estamos ciegos o somos unos ignorantes pájaros de mal agüero que solo creemos en meigas.
—— Yo creo que son más sinceras, mucho más, las meigas… que esta gente que nos quiere hacer comulgar con ruedas de molino.
XERARDO RODRÍGUEZ



