NO HAY HERENCIAS

Con tanta gente emigrada hubo un tiempo en que, aquí en Galicia, todos soñábamos con la herencia que recibiríamos del tío de México, Caracas, La Habana, Bahía, Montevideo o Buenos Aires… pero esa herencia nunca llegó en la inmensa mayoría de los casos. Primero porque no había tal capital y segundo porque, los escasos emigrantes que llegaron a obtener una fortuna, siguieron fieles a sus países de adopción, viviendo en esas ciudades rodeados por la familia que formaron allí, aunque de vez en cuando venían a ver a sus parientes gallegos con una botella de ron bajo el brazo. Por cierto, un ron que siempre resultaba excepcional.

APARTAMENTOS TURÍSTICOS

Me gustaría mucho saber que entienden los hoteleros gallegos sobre lo que es realmente un “apartamento turístico”. Lo digo porque parece que las comunidades catalana y balear lo han definido con normativas actualizadas que prohíben los alquileres de viviendas definidas como “plurifamiliares”, es decir, en bloques de pisos. La propiedad de esos apartamentos suele ser de un inversionista, de un banco o de fondos de inversión.

Nada que ver con el sistema de alquiler de pisos o viviendas unifamiliares para el verano que se registra en este país. Aquí no hay fondos de inversión sino familias que necesitan cada verano irse a vivir con los abuelos para alquilar su vivienda a los veraneantes y obtener unos euros que complementen su precaria economía.

Espero que a nadie se le ocurra en Galicia prohibir ese tipo de alquileres que vienen a solucionar numerosos problemas de subsistencia. 

AQUÍ NO QUEDAMOS NADIE

Mi amigo Enrique Martí Maqueda me mandó ayer un bellísimo poema sobre la muerte: “Golosinas”, del poeta Mario de Andrade, un histórico de la cadenciosa poesía brasileña de principios del siglo XX. Termina así…

“Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una”.

Le he contestado que, a pesar de la hermosura de la poesía en cuya amplitud encontramos a la muerte disfrazada de mujer bellísima, lo mejor es no pensar en ella y que llegue cuando le venga en gana; eso sí, sin dolor, sin avisar ni abusar; y sin prisa que no tenemos ninguna.

Esta mañana, las campanas de Bastavales doblaban lastimeras porque alguien de la parroquia había emprendido el último viaje. Su ding dong mezclado con la sinfonía de los pájaros cantores me hizo recordar que aquí no quedamos nadie. Digo yo que será por eso que los gallegos rendimos un especial culto a la muerte.

Ayer pasó mi cuerpo la ITV y tanto el motor como la carrocería se van conservando. Menos mal.

Xerardo Rodríguez