El pelo del gran Xerardo, al fin y al cabo... ¡a la Moda!
A LA MODA
Frrrrrrrrío mañanero que me ha entrado hoy una vez que mi nariz traspasó el umbral de la puerta de entrada de la casa de Gloria, la que cohabitamos y que siempre mantiene calentita. Esto de hacer senderismo en invierno no sé quién lo inventó, pero, caray, de verdad, hay días que duele. La niebla cubre el valle y la humedad se me mete en los huesos, hasta los hace crujir…
—- Tés que ir a peluquería…
Balbino siempre se mete con mi pelo. Si el supiera…
Mientras dependí del criterio de mi madre por cuestiones de la edad mi pelo solo lo tocaba Constantino, un encantador peluquero de Cudeiro que hasta interpretaba con su acordeón diatónico mis canciones infantiles. De niño peinaba rizos, de adolescente pelo mili, tras la mili melena, de ejecutivo estilismo de Jesús 2-Vigo y ahora de jubilado, según me dé. Por ejemplo…
—- ¡Pareces Hemingway!
Fue el saludo de Patricia, a la que considero una hija más porque es la madre de mis dos nietas mayores. Ese día lucía melenita desordenada y barba sin arreglar.
—- Perdone que lle pregunte. ¿Vostede é poeta?
Eso me lo espetó un taxista mirando el aspecto de mi cabeza un día que me llevó al Hospital.
—- ¿Y qué le contestaste?
—- Non señor, eu son artista…
Y se marchó tan a gusto.
Bueno. Llevo una época en que mi aspecto me importa un pito pero mira tú por dónde, leyendo La Vanguardia me enteré de que “estoy marcando tendencia”.
—- ¿Cómo dís?
—- ¡Que ando coa moda!
No es que ande despeinado es que mi pelo tiene libertad de expresión. Él es quien marca su estilo y se deja ir como le viene en gana. Es como la vieja bohemia, no es que quiera aparentar dejadez sino todo lo contrario. Quiere marcar tendencia, ser natural. Y te digo que lo consigue. Prueba tú y ya verás que a gusto te sientes. Además, es que está de moda.
Otra cosa. Lo del pelo te digo yo que es lo de menos en los hombres, pero sí tenemos algunas carencias de género que debieran de preocuparnos más. Por ejemplo, se nos escapan muy a menudo los detalles y eso las mujeres, sobre todo nuestras parejas, lo interpretan como desinterés…
—- Oye… ¿Tú me miras de vez en cuando?
Resulta que no percibes algunos cambios de aspecto que se hacen en estos días navideños y eso les enfada mucho.
—- ¿No me dices nada?
La pregunta te pone nervioso porque no sabes que responder. Y ahí empieza todo…
—- ¡Joder! ¡Eso es lo que te fijas en mí!
XERARDO RODRÍGUEZ

