Los cuentos de Navidad y... otras historias
LOS CUENTOS DE NAVIDAD
En las Navidades de mi madurez me gustaba releer a Dickens porque sus cuentos me trasladaban a la infancia y me devolvían el recuerdo de mi madre y de mi hermana. Ambas fueron las encargadas de seleccionar mi lectura según crecía y aquellos milagros literarios que precedían al nacimiento de un niño dios y aquel espíritu que se nos presentaba de forma positiva, me hacían cobrar confianza en eso que don Felisindo llamaba Fe con mayúscula y que debía referirse a lo inmaterial.
En realidad, nunca tuve vértigo a viajar por el tiempo y por el espacio hasta que, en mis lecturas, aparecieron Lenin y Marx para ayudarme a no creer en nada. Pero, pese a que contra Franco era un rojo activista como rezaba en mi ficha policial, yo seguí leyendo a Dickens a pesar de Lenin, del que cuentan vomitó el día que leyó la Canción de Navidad.
Aquellos cuentos de mi infancia, ya en mi adolescencia iluminaban la mirada social sobre una dictadura y eran como una utopía que te ayudaba a imaginar la felicidad.
Sin embargo, cuando estás llegando al invierno de la vida, ya no te apetece leer. Esta vista mía está cansada de tantas frases escritas, aunque tenga que agradecerles mis pasiones vividas con su lectura. Ahora ya tengo que agrandar las palabras al escribirlas una y otra vez… Lo único que me reconforta es escucharlas en la calma de la noche cuando la radio pública permite a los poetas que pronuncien sus discursos.
Los cuentos de Navidad me llegan ahora como bajaban antes de la montaña, a través de la tradición oral. En la aldea los cuentan los viejos como yo. Como quiera que los niños son pocos y tecnológicamente superdotados, los mayores de la parroquia nos los contamos los unos a los otros pensando en que no se perderán…
El Dr. Frame, me apunta…
—- Deberías subirlos a YouTube para que queden en la Red.
Pero mi otro yo, el de siempre, me dice que debemos publicarlos en papel para rendir homenaje a aquellos escritores como Dickens, con los que aprendimos a leer y por los que sentimos la admiración que nos mueve a escribir alguna que otra historia.
LA SENTENCIA
¿Y que quieres que te diga? Me he leído la sentencia que condena al exfiscal general del Estado, García Ortiz y como no soy jurista -quizá por ello- solo me parece un buen cuento de Navidad. El ponente y sus ayudantes debieran cambiar el Supremo por la ficción.
POSTAL DE INVIERNO
El blanco llegó a la cumbre y se volvió transparente en la ladera de hielo… Es que han vuelto al país los días cortos de tardes de lareira. Se habla, junto al fuego, del cambio climático, de la fiebre del oro y del siglo XXI en la urbana modernidad, culpable de nuestros males presentes y futuros. Pero la expresividad del paisaje pone remedio a todo. Aún es posible que la nieve ofrezca su albor a la camelia roja del árbol para decirnos que en estos inviernos nuestros todo es posible.
XERARDO RODRÍGUEZ




