LOS MIEDOS

Hoy, cuando asomó el sol tímido, era el momento de dar una vuelta a la manzana, que hay que estirar las piernas antes de tomarse en serio esta afición de escribir cosas nuevas todos los días. Así que allá me fui para encontrarme con Asunción y su hija, que son de las que madrugan según vaya el día…

—- ¿E ti crees que nos quitarán a pensión?

La gente que ve la tele anda tan asustada con esto de las pensiones que a su mente afloran los recuerdos de aquellos tiempos de hambre de postguerra, tal es el efecto que consiguen los economistas cuando se suben al púlpito televisivo para ofrecernos sus sentencias sobre el futuro.

¡Debiera estar prohibido! Digo que en televisión no se debería permitir la especulación y el pronóstico sobre tema tan serio, que no hay derecho a que tras más de cuarenta años en el duro trabajo campesino y otros tantos de cotización a la Seguridad Social alguien ponga en duda que la gente como Asunción tenga o no derecho a percibir su subsidio.

Para las pensiones habrá que sacar el dinero bajo las piedras, aunque sea debajo de las piedras de los palacios, que ahí sí que se dan los gastos suntuarios.

PREMIO NÓBEL DE LA PAZ

Mientras en el Caribe los mandados del Trumposo se hacían con un petrolero de bandera venezolana, después de cometer varios asesinatos de narcotraficantes en narcolanchas -dicen en Washington-, la hija de la opositora María Corina Machado recibía en Oslo el Premio Nobel de la Paz en el nombre de su madre. Ana Corina Sosa pronunció el discurso de aceptación en una ceremonia marcada por la denuncia de la violencia del régimen de Maduro y el anuncio de la llegada de la dirigente venezolana en las próximas horas, ayudada por Estados Unidos. Luego volverá a la clandestinidad con mucho temor a las represalias del gobierno bolivariano. Ana Corina pronosticó en sus palabras que “Venezuela volverá a respirar”. Ojalá sea así, que se lo tiene merecido.

¿LLEGARÁN ESTE AÑO LOS PERNILES?

Vuelvo a Venezuela. Es que no veas lo que me duele ese país al que quiero como si fuera el mío. Ha vuelto a salir a la palestra el Maduro “presentador” para hacer reír al mundo y que nadie se fije en lo que realmente está pasando.

El año pasado, el tipo había prometido que para Navidad…

—- ¡Seis millones de familias recibiréis un pernil que os regala la República Bolivariana…!

Pasó la Navidad 2024 y el jamón prometido no llegó a ningún hogar venezolano. Entonces, el muy cara dura, les dijo…

—- ¿Qué pasó con el pernil? ¡Pues que nos sabotearon! ¡Por el bloqueo que tenemos! Los portugueses se comprometieron, los asustaron los gringos y no nos mandaron los perniles.

Y remató su discurso cínicamente diciéndoles…

—- Pero lo que no saben es que con saboteo o sin saboteo a este pueblo nadie le quitó la felicidad de la Navidad. 

A ver que les promete este año y a ver si les llega. Aunque ni Maduro ni sus ministros están para celebraciones con tanto buque de guerra americano en el Caribe.

LAS ANGULAS

Un caso tan real como la vida misma. La frase es de un alcalde cuyo nombre y concello me reservo…

—- A ver cuando vienes por aquí, hombre, que estamos en tiempo de angulas.

Es una insinuante invitación a degustar juntos el plato más caro de la carta de cualquier restaurante gallego, a razón de 250 euros los 100 gramos a pie de río. Obviamente, a mí no se me pierde nada por allí.

De todas formas, lo de la angula, desde que la compran los japoneses para dejarlas crecer como anguilas, es un desmadre. Ya no es plato navideño porque no hay quien llegue a ellas. 

Las últimas que me comí, hace veinte años, las pescaran mis amigos Mauro y Fernando en Tabagón, en el Miño. Pero de aquellas ponías la red en el sitio adecuado y caía medio kilo. Ahora caen de diez en diez… o incluso de una en una.

XERARDO RODRIGUEZ