Valles verdes, montañas blancas... pagar por todo y tener insomnio
VALLES VERDES/ MONTAÑAS BLANCAS
Se peleaba el sol con el frío y decidimos que el mundo, nuestro mundo, es el de los caminantes que hacen camino todos los días para curarse en salud. Así que allá nos fuimos peleando contra el viento gélido, siguiendo el rastro del agua por curiosidad, a ver si el Riamonte ya bajaba lleno… y casi. Pero aún le falta el casi. Lo que no se ve es un mísero copo blanco en los montes que rodean este valle de nuestras andanzas, que no llegan a los 300 metros de altitud; pero mis amigos de la Galicia interior ya me mandaron las fotos de la nieve que cubre las sierras del país, provocando la más hermosa perspectiva de invierno.
Un manto blanco cubre hoy la refulgente calma montañera del país mientras se escucha el silencio del río de hielo transparente y la laguna glaciar congela el infrecuentado camino de la sierra. Estas nuestras montañas son la del castro y la palloza. La del bosque encantado de abetos, acebos y tejos, donde habitan el oso, el lobo y el ciervo. La de ladera de soutos y carballeiras antiguas que crecen próximas a las rocas enquistadas en los picos que tocan un cielo de nubes.
El invierno anuncia su llegada para dentro de cuatros días cortos, de esos que invitan a pasar las tardes de lareira en la vieja aldea de paredes de piedra, techo de pizarra y madera de castaño.
Otra vez cae la nieve sobre el tejado de paja de la palloza y la montaña revive dulcemente aquel cuento de navidad.
PAGAS POR TODO
Menos mal que buscamos refugio en el paisaje y el paisanaje ya está acostumbrado a estas cosas, pero esto no deja de ser una canallada política: Los impuestos que paga la gente del rural de Galicia en concepto de IBI rústico se triplicaron entre el 2016 y el 2025. De 5’54 millones de euros la gente del campo pasó a pagar 14’2 millones, según los datos que ha facilitado la Dirección General del Catastro, que afirma que esta es la comunidad en donde más ha crecido este impuesto.
Es decir, que a los más pobres los tratan como si fueran los más ricos… a cambio de nada; porque en el rural, pagas por absolutamente todos los servicios que te ofrece el ayuntamiento. Y ya está bien… ¡Algún día tendremos que organizar “la rebelión de la granja”!
INSOMNIO
Insomnio. Es la palabra que define una mirada perdida en la oscuridad durante el tiempo que tarda la noche en doblar la esquina. En ese espacio, largo, muy largo, afloran los recuerdos a borbotones y te pones a hacer repaso de ellos porque no hay otra cosa que hacer. De los buenos y de los malos. Y quizá sean estos últimos los que por fin te introducen en los sueños.
Así que tuve un momento para acordarme de aquella urbanización de Pozuelo de Alarcón que bauticé como “La Joyería” porque todas las calles tenían nombres de piedras preciosas. Perozo y yo vivíamos en la “Diamante” y éramos para todos, como no, “los gallegos”.
El caso es que allí también vivían entonces otros paisanos mucho más “ilustres”: Sito Miñanco y su banda de narcos. Cuando salió en el periódico su detención las vecinas comenzaron a murmurar…
—- ¿Tendrán estos algo que ver con los narcos?
—- Es que son gallegos…
Solo porque éramos gallegos comenzaron a mirarnos de lado. Antes las mismas señoras nos traían galletas y dulces, que habíamos sido los santos de su devoción.
Aún no sabéis bien los aquí no nacidos el daño que nos hacen estos criminales organizados, que no hay ría más bella que la de Arousa y para algunos parece que por ella solo navegan lanchas llenas de cocaína.
Y no es así; este clan de Sito Miñancos, al que se le unieron los Oubiña y otros 46 discípulos, saben muy bien que aquí se les persigue, incluso la ciudadanía, por eso se fueron con la droga a otra parte.
XERARDO RODRÍGUEZ



