CULTURA PRIMITIVA

Lo primero que me pregunté esta mañana es si los sabios druidas de mi tribu lemava, a la que pertenecieron mis antepasados de Cudeiro, sabrían predecir la lluvia y guarecerse de ella cuando iban al bosque en busca de ramas, hierbas, líquenes o frutos para preparar sus brebajes. Lo digo porque salí en busca de paz y regresé tan empapado como las leiras de mis vecinos, anegadas desde que comenzó este invierno de mil aguas, que aún continuarán cayendo por lo menos siete días de los diez próximos.

La verdad es que no me imagino a ningún druida paseando bajo la lluvia, como si tal cosa. Eran gente inteligente y no papanatas como yo, que vivo fascinado con lo que me rodea. Fueron ellos los inventores del calendario celta que está basado en veintiuna especies de árboles. Lo hicieron así, creo, para que tuviéramos una bella visión de cada una de ellas y para despertar nuestro interés por lo natural. Por ejemplo…

El carballo y el olivo son valientes y gozan del don de la sabiduría; representan la primavera y el otoño en el calendario celta. El abedul y el haya simbolizan la creatividad y en ellos se encarnan el verano y el invierno. El manzano es el árbol del amor; el olmo de la nobleza. El ciprés representa la fidelidad. El sauce llorón bebe la melancolía. El avellano conecta con lo extraordinario. El nogal es la pasión y el castaño es la honestidad.

Son algunos de los significados de los veintiún árboles más respetados por el pueblo celta a instancia de aquellos druidas nacidos hace más de dos mil años. Decían que nuestra personalidad está mancomunada con un árbol. Yo si pudiera elegir, me asociaría al castiñeiriño bonito.

Estas son historias que forman parte de nuestro pasado y que se enraízan en lo más profundo de las tradiciones que narran códices antiguos, basados en la transmisión oral de las costumbres de nuestra estirpe.

—- ¿De qué pobo dís que eres?

Nací en un prado de Cudeiro entre los brazos de la hierba y desciendo de los nobles Lemavos. Por eso me gusta imitar su cultura primitiva. En ella están mis verdaderos orígenes.

EL LUGO DE LA RESERVA

Esta de Lugo es la reserva más grande de España con sus casi 400 mil hectáreas que se reparten entre 26 municipios. Es decir, un 39% de la provincia de Lugo ha sido declarado Reserva de la Biosfera. Es ríos, bosque y lagos.

Ríos que, como el Miño, dibujan tranquilos rincones al mismo tiempo que mueven molinos, mientras crean lava de plata en su trayecto, tiñendo de tonos verdes sus frondosas riberas. Y es que un río siempre traza un sendero de belleza que conduce a la tierra inolvidable.

Bosque animado por pequeños duendes que habitan bajo las setas. Que, ya se sabe, el bosque es un tapiz de vida… apretado contra las arrugas de la tierra.

Y la reserva es también laguna de mil emociones, habitada por aves y reptiles curiosos que protagonizan su diario discurrir.

Y lago de fragancia sana…

Este Lugo de agua y valle, es calma húmeda, espacio de vida tranquila y sosegada, tan lejos y al mismo tiempo tan cerca del bullicio de la urbe, de la ciudad distante pero siempre próxima.

Vamos allá, que llueve menos y se come bien. ¡Nos vemos mañana!

XERARDO RODRÍGUEZ