HOY TAMBIÉN TOCA MOJARNOS

Hoy te entiendo, Josean, cuando decías aquello de…

—- Ya ves como jarrea en nuestro Madrid…

Pero la diferencia sigue siendo notoria. Aquí cuando jarrea sobre el campo verde y la ciudad universal el agua resalta la inmensa belleza rural y urbana: el verde, mojado sobre el otro verde, enfatiza el escenario de nuestros sueños de mayores; y en la Compostela próxima, ni el laberinto de rúas ni la plaza magnífica protestan porque llueva sobre mojado.

Si casi todo es verde en Galicia es porque jarrea: los senderos de la aldea se abren paso entre el verde de los territorios amados. El tren canta su vieja canción de hierro por las vías verdes. La piedra del pazo se posa sobre el verde césped. Y las campas del monte próximo reverdecen por la lluvia.

El agua de la vida, también embellece las losas de piedra que pisamos en la ciudad antigua. Acentúa la importancia de las torres y campanarios catedralicios. Los ángeles de piedra de los edificios. Los capiteles de la iglesia vieja. Y esas gárgolas maravillosas que representan todo el bestiario medieval en los tejados de Compostela.

Hoy toca mojarnos y algunos gallegos lo hacemos con sumo gusto.

EL SUPERVIVIENTE

Aquel día en Pontevedra, mesa y viandas de por medio, Mariano Rajoy y Pepe Cuiña, hicieron un pacto de no agresión. Uno aspiraba a ser delfín y el otro ya lo era. Los dos enemigos íntimos bien sabían de la cantidad de pirañas que había rodeando a La Nécora, que era como se le llamaba en Galicia a la sede del PPdeG.

Al delfín se lo comieron, pero el aspirante supo esperar a que fueran desfilando de uno en uno… hasta que Fraga se los devorase a todos. Él seguía el método Cabanillas, aquel ministro de UDC que nació y murió en un coche oficial.

Superado el round casero, Mariano Rajoy –aun soltero y sin querer hablar en gallego- se fue a Madrid y fue capaz de aguantar al mismísimo Aznar; como su ministro y también como su vicepresidente. Luego, esperó sentando en su silla a que tiburones como Rato o Mayor Oreja se comiesen entre ellos. Y se dejó entronizar. Y llegó a ser el presidente de aquella España fracturada, la más corrupta que recuerdan las crónicas.

LA TREGUA ERA OTRA MENTIRA

Pero hay que reconocerle a Mariano su exquisita educación, propiciada por su buen humor, ese con el que tomaba el pelo a los periodistas: jamás se mostró faltón con nadie y a todos nos trató con buenos modales, incluso a su opositor Pedro Sánchez. Rajoy no encajaría en la dirección de esta derecha que no hace más que insultar al rival, al que considera enemigo.

Parecía que Feijóo y sus mariachis estaban, como todos, conmocionados por la tragedia de Aldamuz y se notó la acción conjunta, esta vez sí, de la Junta de Andalucía y el Gobierno de España. Todos, como los reyes, nos hicieron ver su dolor por el terrible accidente que arroja un triste saldo de 43 muertes. Pero para el Partido Popular solo era una tregua.

Aún no había terminado el plazo del luto oficial y saltaron a la palestra Almeida, alcalde de Madrid, Cuca Gamarra y el vicesecretario de Economía del partido, Juan Bravo. Este último dejó nuevas perlas para descalificar al Gobierno al que notó “desbordado”, acusando al presidente del Gobierno y al ministro Puente de “falta de previsión y respuestas contradictorias”, culpándoles de una supuesta “alarma generalizada” entre los españoles y acusándoles de “falta de información”. Por si eso no fuera suficiente, el economista del club se hizo a si mismo esta pregunta:

—- Si la meteorología de Cataluña no aconseja que circulen los trenes… ¿Por qué detienen el servicio ahora y no antes?

Los tres destacaron ayer que el Partido Popular había mantenido un “silencio respetuoso”.

Ya vemos como para algunos, el dolor de los demás, solo sirve de arma política. Lo de la tregua que nos puso a todos tan contentos… era solo otra mentira.

EL AVIÓN DE NUEVA YORK

El avión de Nueva York pasa a las dos menos cuarto por el techo de mi aldea. La gente lo mira desde su calma y se pregunta quien irá en él, pero enseguida lo olvida… porque a los cinco minutos ya sobrevuela el Atlántico, más allá de la Costa da Morte.

A mí ya no se me pierde nada en Nueva York; por eso, cuando miro al cielo, ni veo esos aviones que pasan peyéndose humo sobre nosotros.

A mi edad de jubilado, por sus bemoles que no por los míos, te encanta el azul de los cielos limpios, pensando en los que ya se fueron al espacio y lo poco que somos los que aquí quedamos.

Los jubilados ya no somos nada porque a pocos les interesamos. Solo a la familia más próxima. La mayoría se olvidó de nosotros como nosotros nos olvidamos del avión de Nueva York. No te quepa la menor duda. A lo más que llegan es a aumentarte la pensión miserable con otra cifra mezquina.

XERARDO RODRÍGUEZ