Esta vez, sí : los lunes al Sol. Crónica de Xerardo Rodríguez para arrancar la semana
PENSANDO EN ROSALÍA
Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.
(Rosalía de Castro)
Esta es una fecha muy especial para nosotros, los gallegos. Para mí porque siento la alegría en el cuerpo -como si hubiera asistido al parto en mi vida anterior- por el aniversario -mañana- del nacimiento de mi poetisa de cabecera, Rosalía de Castro. Lo fue siempre, desde que mi madre puso en mis manos aquel ejemplar de “Cantares Gallegos” y me dijo:
—- Si lees despacio este libro, varias veces, a lo largo de tu vida, entenderás porque nosotros, los gallegos, tenemos rarezas, pero amamos muy profundamente esta tierra nuestra.
Será por aquel instante grabado en mí para toda la eternidad que no entiendo a los que acostumbran a mirar con malos ojos el pasado y en vez de recordar lo agradable que resulta conmemorar el nacimiento de nuestra gran poetisa, Rosalía de Castro, se fijan en el final de su biografía, cuando vivió en una vieja casa ruinosa, enferma, con la única ayuda de los emigrantes gallegos en La Habana.
Ya sé qué es triste, muy triste este final para una biografía brillante. Por eso yo prefiero en este día, al despertar la alborada, tomar en mis manos el viejo libro que me regaló mi madre -con la sabiduría de una gran maestra- y recitar en alto cualquiera de sus poemas.
Os diré que para mí Rosalía no murió… sigue viva. Si ocurre que a través del tiempo siguen hablando de ti… es que no estás muerto.
NEGRA SOMBRA SOBRE ESPAÑA
A nadie se le olvida aquel día. Pasaron 45 años del intento de golpe de Estado de 1981 que todos conocemos por el 23F. Yo podría contártelo en primera persona, pero prefiero recomendarte un libro: “La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar”. Su autora es Pilar Urbano, que tuvo la valentía de publicarlo cuando aún Juan Carlos de Borbón era Rey de España. El libro va de una verdad que la mayoría se calló porque la Corona era intocable. Esto es solo un anticipo, el contenido que puedes leer a partir de la página 701:
«Arriba, en la puerta, me espera Sabino. Me da un abrazo. Yo se lo tomo. Al que no se lo puedo tomar es al “Otro”. Entro en el despacho del Rey. Está vestido de uniforme. Es mediodía. Tiene allí a su perro Larky, el que me atacó la otra vez. Estamos solos, le tuteo.
—- Nos la has metido doblada.
—- ¿De qué me hablas?
—- Hablo de que, alentando a Armada y a tantos otros, jaleándolos, dándoles la razón en sus críticas, diciéndoles lo que querían oír de boca del Rey, tú mismo alimentaste el dichoso malestar militar (…) Sabes cómo entre el Guti (el general Gutiérrez Mellado), Agustín (Rodríguez Sahagún) y yo hicimos trigonometría para desplazar al quinto moño a los generales golpistas, a los que tú a la semana siguiente recibías; y cómo me opuse al traslado de Armada.
—- Pero ¿tú te das cuenta de lo que dices… y a quién se lo dices?
—- Sé demasiado bien a quién se lo digo. Esta situación la has provocado tú.
—- Noooo. Al revés, la has provocado tú y la he evitado yo».
O sea, que Suárez acusa al Rey de promover el golpe de Armada. Para Suárez está clarísimo ya en ese momento que la Operación Armada nace en Zarzuela y que el alma es el Rey: Juan Carlos es el muñidor para que Armada sea el presidente de un gobierno de concentración. Incluso el mismo Rey conocía el Gobierno que el golpista tenía preparado. Un Gobierno en el que, entre otros, Felipe González iba de vicepresidente. En el transcurso de esa conversación con tono elevadísimo, Suárez alaba el comportamiento digno del «pobre Guti, un anciano, cuatro huesos», y critica, en cambio, al «otro», «a gatas debajo del escaño», refiriéndose al presidente a punto de ser investido, Calvo-Sotelo.
Pero el clímax de la pelea verbal se alcanza cuando Adolfo advierte al Rey lo siguiente: «Quiero revocar mi dimisión. Traigo un estudio jurídico constitucional del proceso…». Y saca el folio del bolsillo y lo despliega ante el Rey. Le anuncia que piensa hacer depuraciones en el Ejército, llegando hasta donde haya que llegar.
—- ¿Me estás amenazando, so cabrón? ¿Te atreves a hablarme de responsabilidades a mí? ¿Tú… a mí?
“Mira -le dice el jefe del Estado-, ni tú puedes retirar ya la dimisión ni yo voy a echarme atrás en la propuesta de Leopoldo. ¿Todavía no te has enterado de que ha sido a ti a quien le han dado el golpe? A ti, a tu política, a tu falta de política, a tu pésima gestión. ¿Responsabilidades? ¡Tú eres el auténtico responsable de que hayamos llegado a esto!”.
El rifirrafe entre los dos continúa y se despeña hasta el punto de que Juan Carlos le dice: «O te vas tú o me voy yo», no sin recordarle que no podrá formar ningún gobierno de unidad «porque nadie va a querer ir contigo… Políticamente estás muerto. No revoques tu dimisión. No intentes volver. Tienes que saber poner punto y final a tu propia historia».
Viéndolo así, en pie, con el uniforme de capitán general y al otro lado de la mesa, Suárez se da cuenta -según él mismo contaba después- de que ese señor imponente que tiene delante es el Rey.
“Junto los talones, doy un cabezazo, paso al usted y le presento mis excusas:
— Disculpe, Señor, me he excedido.
Larky, el perro, esta vez no atacó al indignado visitante.
Sobre todo vosotros, los jóvenes, deberíais de leer el libro de Pilar Urbano. Puede que así se os aclaren todas esas ideas que os están metiendo en la cabeza.
Hoy es 23 de febrero, pero, a pesar de la batalla política que se está librando en España, nadie piensa en que es posible que unos cuantos desalmados puedan dar un golpe de Estado. Aquella batalla, a pesar de los silencios guardados, la ganó la democracia.
HAY QUE REINVENTAR INTERNET
Internet nos ha traído innumerables ventajas, hemos de reconocerlo; pero en la Red se nos han colado los malos, los abusones y alguna gente de malvivir de los que sobran ejemplos. Deberíamos de reinventarla.
Un botón de muestra para que lo tengas más claro. Mi amiga Pili trabaja en una tienda de ropa de Santiago de Compostela. Son dos empleadas y la dueña, autónoma. Me contó el otro día…
—- Nos está pasando que vienen clientas a la tienda a probarse los vestidos. Ven como les queda, la talla que mejor les va, nos dan las gracias y se van. Cuando le preguntas si va a volver por ella, porque has notado que le encantó, te contesta…
—- No te preocupes, ya la compro por Internet.
Es para cabrearse, ¿No crees? Pues déjate de hacer mas rico al rico de Amazon, por ejemplo, y consume en el comercio de tu pueblo que es el que levanta la economía de Galicia y no el Jeff Beck ese.
LO QUE ES Y LO QUE PUDO SER
Hubo un tiempo en el que nos pareció que la moda gallega había sentado las bases para comerse el mundo. Solo tengo una reflexión: el liderazgo del diseño gallego sirvió para hacer ricos a unos pocos y más pobres a otras muchas; a las que se embarcaron en comprar maquinaria para sus pequeños talleres y fueron tirando hasta aquel otro día en que Inditex, por poner un ejemplo gigante, descubrió primero Portugal y luego Corea, tras haber pasado por la India y Marruecos.
Te lo explicaré.
Aquella Galicia rural ochentera iba camino del pleno empleo y aquellas mujeres, a las que tanto defendió la inolvidable Rosalía Mera, eran el sustento familiar de las aldeas, que coser resultaba más productivo que plantar comida de subsistencia. Ya entonces las llamaban emprendedoras.
Sin embargo, cuando la moda gallega en general supo donde estaba la mano de obra barata dejó plantadas con sus máquinas a aquellas mujeres que habían pedido un préstamo de los que ofrecían las caixas a la pequeña empresa… por eso se vieron obligadas a mantener los precios de producción, sin poder competir con Portugal. Todas tuvieron que cerrar sus pequeños talleres.
En ese instante comenzó el segundo éxodo rural hacia las capitales, hacia las del país y también hacia la Suiza de los albañiles gallegos alpinos y las costureras domésticas, nacidas aquí, entre la cordillera y el océano, que además sabían cocinar y despachaban la limpieza.
Cuando por esta Tierra Única comenzamos a hablar con optimismo excesivo de la globalización del mercado textil, en Portugal callaban y las únicas campanas que sonaban eran las de las iglesias.
En Galicia, aquellas marcas pioneras, de las que hoy en día quedan tres o cuatro, protagonizaban entonces desfiles televisados y los medios de comunicación se deshacían en elogios para nuestros diseñadores, los descubridores de la belleza de la arruga y los nuevos listillos del pret a porter.
En la actualidad nada queda de aquella moda gallega que nos vendió Carballo, aquel gran publicista vigués.
Solo una empresa, gracias a cotizar en bolsa y a sus excelentes ejecutivos, alcanzó la meta de la globalización convirtiéndose en el segundo gigante textil del mundo. Pero lo logró para mayor gloria y riqueza de sus accionistas y para nada dejó el beneficio laboral que esperábamos en una Galicia en crisis.
No. El sector textil no nos benefició a los gallegos. Mientras la automoción creció hasta crear 50.000 puestos de trabajo y originó el gran cluster industrial con empresas que abastecen incluso a las grandes firmas de aviación, la moda gallega, en la economía de esta tierra,… es meramente testimonial.
Lo contrario sucede en Portugal: entre Oporto y Guimarães crearon la mayor concentración de fábricas textiles de la Unión Europea. Ahí se ubican prestigiosas industrias a las que grandes marcas de 20 países encargan su producción, entre ellas varias firmas gallegas. Además, presumen de buen hacer y de no trabajar ya a bajo coste.
Te lo cuento con sana envidia y con sinceridad te diré que lo que más me cabrea de todo es que todas esas fábricas textiles portuguesas crecieron gracias a Inditex… como podían haber crecido en el rural de Galicia, aquellos talleres de aldea.
Así que al señor Ortega, el más rico entre todos los ricos, y a quienes siguen echándole flores cuando pasa… ¡Que les den!
LA CRISIS DE LAS BOÑIGAS
Para que te rías un poco, te contaré una historia fascinante, “el relato de las boñigas”, con el que algunos gurús económicos ilustraban sus charlas sobre la innovación en el siglo XIX. Está basado en la llamada “gran crisis de las boñigas de caballo de 1894”, que describía no hace mucho el periodista Brian Groom, en el “Financial Times”, de esta manera:
—- La cantidad de excrementos de caballo generada en las ciudades inglesas en rápido crecimiento se percibía como una amenaza para la propia civilización. Pero entonces llegó el inventor estadounidense Henry Ford con sus vehículos a motor para sustituir a los caballos y las predicciones catastróficas sobre el tsunami de boñigas nunca se cumplieron.
Era la primera vez que el poder económico solucionaba con tecnología un problema… antes de que llegara a producirse, un sorprendente ejemplo de cómo los incentivos económicos agudizaban ya entonces el ingenio.
Pero lo más curioso de esta historia es que nunca se produjo la tal crisis de las boñigas de caballo, ni en 1894 ni después.
Así lo afirma la jefa del archivo histórico de “The Times”, refiriéndose a la misma crónica de aquellas fechas en su periódico:
—- Lo que sí publicamos en 1894 es que en las calles de Londres había polvo y barro, nada de toneladas de excrementos…
Para Rose Wild…
—- Londres no estuvo enterrada en boñiga de caballo, sino en una gran mentira.
Esta… fue la primera “fake new” del periodismo mundial. ¡Siempre hubo servidores del poder en el mundo de la información!
MEMORIA DEL MAR DE VIGO
En aquel Vigo de los setenta, tras mis noches populares de radio, me gustaba pasear con mis colegas por el muelle del Náutico, el de la Estación Marítima Internacional y también por el del Berbés. Perseguíamos a las Lunas en las noches cálidas como si fueran sirenas, porque daban luz a toda la ría.
Para nosotros, los periodistas noctámbulos, las madrugadas eran tardes y conocíamos mejor que nadie tanto el paisaje como los chiringuitos próximos a los puertos vigueses, a los que acudían fantásticos personajes de la vida nocturna, incluso la golfa.
Por ejemplo. Recuerdo a aquel ligón especializado en las chicas de Karina Fallagan, que cuando llegaba al tercer cubalibre decía…
— Oye, si vais por la playa de la Fuente y veis unas bragas en la antena de un coche, no molestéis, somos esta y yo en plena faena…
Y nadie le llamaba machista al parvo aquel. La verdad que aquella playa, llena de escondites entre los pinos, alguna madrugada parecía el aparcamiento de Balaídos.
Mi memoria siempre resucita con mucho cariño a Juan Ramón Díaz, al que apodaban “El Jugadas” por las “crueles” bromas que gastaba al personal. También a Joaquín Rolland, campeón de tute. Y a Pepe Rey, del que nadie comprende como cambió sus amores gallegos por los vascos. Y a Marisa Real, a Fernando Franco, a Federico Puigdeval…y sin duda a Suso Sanxuás, al que sigo considerando uno de los mejores amigos que Vigo me dio.
Siempre nos encontrábamos con los pintores como Corbal, Sucasas, Lodeiro o Laxeiro. Con líderes como Ferrín, que descubrió algunos de sus mejores argumentos en el “Almas Perdidas”. Y músicos con la guitarra al hombro tras su recital en cualquier pub de esos que se escondían en las calles del casco viejo e incluso algún cantante que presumía de fama alternando con algún cantautor ceibe.
Luego estaban los marineros, los del Berbés, que se distinguían por un sano perfume, mezcla de salitre y pescado fresco. Eran lo más auténtico del recinto y gracias a ellos me especialicé en peixes y mariscos de la ría. Vamos, que sé diferenciarlos en el plato de cualquier restaurante.
Si te cuento esto es para que comprendas mi pasión por este paisaje, es que me la contagiaron los artistas. La de Vigo es una ría atlántica consustancial con la gran metrópoli que la preside desde su margen izquierda, camino del mar. Sus aguas tienen magia para los amantes de la leyenda y de las medias historias, porque acogieron al submarino del capitán Nemo según teoría de Hemingway, lo mismo que bajo ellas se encuentra el tesoro de Rande, o sobre ellas camina aún, cada noche, el espíritu de María Soliña.
Es verdad que algunas cosas sí sucedieron sobre este mar: el mayor y más cruento combate naval de la historia o las invasiones de piratas, entre los que algunos vieron al mismísimo Drake.
Pero lo más real de todo son los frutos de la ría: la nécora y el camarón de Moaña, el choco de Redondela y el pulpo de Cangas. Las bateas de ostras y mejillón, y también las almejas de Cesantes. Se los debemos a mariñeiros, bateeiros y mariscadoras, los protagonistas de las historias de cada amanecer.
Venga, mañana es otro día.
XERARDO RODRÍGUEZ










