¡ROMROMROMROM…!

En esto, Mad Max empuñó su fusil para no dejar entero ni un solo tronco de “alcoholito” y todo ser vivo que aquí habita emprendió su huida temiéndose lo peor. Así, él solo fue capaz de interrumpir la paz que reina en el invierno de este reino armónico.

Hasta las musas huyeron de mí llevándose el Paracetamol y dejándome solo, con este inaguantable romromrom frente al ordenador y con la mirada fija en la ventana y en el hombre de la motosierra.

En estos casos, Maruja dice…

—- Tés que aguantar a festa mentras dure…

Así que, cuando termine el hombre, buscaré nuevas palabras para contarte cosas, porque de momento estoy con la empanada.

EMPANADA PARA TODOS

La lluvia de la alborada que sufrimos hoy me sumió en un lamentable estado crítico de indiferencia, cosa frecuente entre los periodistas a los que nos han jubilado; por eso me acordé de mi admirado profesor de latín, don Jesús Ferro Couselo, cuando me decía…

—- Hoy trae usted la empanada consigo.

A mis 14 años no entendía muy bien aquella retranca del maestro que más admiré en mi Bachillerato, pero, poco a poco, a medida que mi camino iba dejando atrás la adolescencia, iba adquiriendo conocimientos sobre lo que significaba la empanada como insulto benigno…

—- ¡Saca de ahí, que estás coa empanada!

—- ¡Tés unha empanada que non podes con ela!

—- ¡Mira que eres empanada!

No me preguntes por qué, pero el ser o andar con la empanada a cuestas sigue significando que andas perdidiño, que te has convertido por momentos en un ser abúlico, que te aburres hasta con Javier Coronas, que por no tener no tienes ganas de hablar…

Entonces lo mejor que puedes hacer es recuperar la memoria y ponerte a escribir, por ejemplo, sobre la empanada. Comenzaré por el momento en el que la conocí… ¡Y me enamoró!

Era pequeño, un niño. Espabilado, pero niño. Mi madre, como todas las madres, me mandaba a hacer algunos recados en aquel Cudeiro en el que había de todo, hasta panadero y horno de leña.

Así que todos los sábados, a eso de las diez de la mañana, yo iba a por la empanada para ocho que comíamos seis, porque como decía mi abuela…

—- Más vale que sobre que nos quedemos con ganas…

Entrar en aquel recinto era toda una tentación. Esa mezcla de olores que invadía el espacio te hacía comer con el olfato y no resistías la tentación de arrancarle un currusco con los que el buen artesano adornaba su obra.

En aquella panadería me enamoré del olor a empanada y ahora me pasa que, a pesar de que la gastronomía ya es un arte, no encuentro un lugar en donde el sabor me entre por la nariz.

Así que, en vez de ir a uno de esos sitios míticos de la periferia compostelana a por una empanada, mejor me pongo a leer sus orígenes. Me parece a mí que están mucho más allá en el tiempo de aquella panadería que hubo en Cudeiro, allá por los años cincuenta del siglo pasado.

A ver si nos aclaramos. La empanada no es una empanadilla, así que los que buscan su origen en la antigua Persia o en la Grecia de Platón se equivocan. Tampoco tiene nada que ver con aquel pan de la antigüedad que se utilizaba en Mesopotamia para proteger el guiso del exterior, metiéndolo entre dos tapas. Ni siquiera se asemeja a las tortitas de trigo del mundo árabe que aún sirven para esconder la carne del cordero.

La empanada es nuestra y que nadie pretenda negar su origen gallego, que en ella guardamos nuestros más sabrosos manjares, como si de un tesoro se tratase, desde hace muchos siglos.

Hay referencias históricas que hablan de su existencia en el siglo IV, cuando nuestro mejor secreto culinario cautivó a los suevos. También la probaron, según antiguas crónicas, los visigodos. Y los vikingos. Pero lo seguro es que… no hubo un solo peregrino de los que, imitando al ermitaño Pelayo, siguieron el camino de estrellas hasta el monte Libredón… que no probase la empanada. Si no… ¿Por qué iba el Maese Mateo a plasmar la importancia de este manjar en su obra magna, el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago?

En el conjunto escultórico más famoso de la Compostela medieval bien se aprecia, entre los penitentes que ocupan la parte superior del arco derecho, como uno de los pecadores intenta comerse una empanada, cosa que no puede hacer porque se lo impide la soga que lleva al cuello. El detalle representa el pecado de la gula… ¡Algún pobre pecador no resistió la tentación de una empanada del siglo XII!

El Maese Mateo dejó otra muestra de las empanadas de la época nada menos que en las ménsulas del piso superior del Palacio Episcopal de Gelmírez, con las que representa un banquete que hace honor al dicho que tenemos por aquí…

—- ¡Comín coma un bispo!

Además, la empanada medieval tiene una referencia literaria incuestionable. La ya muy conocida de las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio…

—- Los antiguos peregrinos sabían que estaban ya llegando a Santiago de Compostela cuando, desfallecidos y hambrientos, desde los montes cercanos, sentían el agradable olor de las empanadas de vieiras…

Así que, no pongáis nunca en duda que la empanada es gallega; y para obtener su sabor original hay que venir aquí: eso de comprar por Internet comporta el riesgo de que te comas la receta industrial de una empresa americana.

YA LLEGÓ “PEDRO”

Está amaneciendo y no veo a “Pedro” mas que en forma de lluvia copiosa, de mas viento del norte, de 5 grados de temperatura y de mas olas de las que no impiden ir a pescar. A pesar del aviso naranja esta penúltima borrasca con nombre no es tan fiera como nos la han pintado. Además, dicen que la tarde será mas de sol que de nubes con solo algunos chubascos, así que se va rápida. Por cierto, el auténtico Pedro, Sánchez, está en la India reunido con la presidenta Draupadi Murmu por asuntos de negocios.

XERARDO RODRÍGUEZ