Un castro dominaba mi valle...
UN CASTRO DOMINABA MI VALLE
Esta mañana me siento como uno de aquellos galaicos de mis pueblos ancestrales, inventores de la cultura castrexa y valientes guerreros capaces de morir antes de ser esclavos. Es decir, más libre que ese viento que hoy nos manda lluvia, pero no siempre será así.
He decidido saludarlo desde el Monte Castelo, donde todo hace pensar que, hace más de tres mil años, este fue un asentamiento de los presamarcos, buscadores del eterno misterio del fin de la tierra. Si removemos estos predios es probable que encontremos, además de los restos de la ermita medieval de la que te hablan todos, el castro galaico que dominaba mi valle.
LA SABIDURÍA
Recuerdo que los caminos de aquella sierra junto al océano estaban sembrados de megalitos. En ellos te encontrabas con sabios maestros que te transmitían su conocimiento y las tradiciones, mágicas y secretas, que practicaban misteriosas cofradías. Si sentían tus ansias de aprender, te mostraban algunos libros tan antiguos que ellos mismos ignoraban su procedencia.
Las tribus galaicas, las de los orígenes de nuestro pueblo, sentían profundo respeto por los ancianos sabios y los escuchaban con veneración porque sabían de la existencia y ubicación del mar de los muertos, secreto nunca revelado ni por dios ni por el hombre creado a su imagen y semejanza.
Solo aquellos sabios eran capaces de ubicar los lugares donde ocurrían los misterios y todos los caminos, menos uno, conducían a ese temido mar del que huían todas las olas. Se supone que ese era el verdadero y único sendero de la salvación.
Esto me lo contó mi abuela al pie de la lareira de la casa de la Fuca, que era donde mi madre ahumaba sus inolvidables chorizos, exquisita vianda preferencial de mis cenas en Cudeiro. Pero a lo que iba: mi abuela descendía de aquellos maestros sabios y había leído, además de a todos los clásicos, los códices sagrados que solo ella y algunos ancianos descendientes de los sabios de hace muchos miles de años podían interpretar.
EL PAISAJE MÁGICO DE LOS DRUIDAS
Tengo que llevarte hoy a un lugar único. Es aquí donde el sol de la vida se esconde cada noche. Donde las creencias tienen tanto arraigo… que las gentes llegan, peregrinas, a través de diferentes caminos de tierra y mar. Donde habitan druidas celtas, magos como Merlín o dulces meigas en el reino de las hadas.
Esta es la Galicia de los bosques sagrados, del santuario del apóstol Andrés, del mar con costa de aguja, del irremediable verde favorito del caballo en libertad…
Es un mundo recóndito, inestable pero bello. El ejemplo de la mítica Galicia ancestral. Dicen los sumos sacerdotes que por aquí hay que venir de muerto, si no se vino antes de vivo. Y esta es leyenda que proviene de la voluntad divina, a juzgar por lo que cuentan las creencias cristianas.
Mirando hacia el océano por encima de los acantilados, aparece un valle, un pueblo y un templo. El pueblo es Teixido y el santuario el del Apóstol Andrés.
Pueblo y templo están en la ribera del último tramo gallego del Atlántico, próximo al mar en el que la tierra se muere en vertical, que así se percibe desde la Serra da Capelada. Esta es una bella costa en la que se palpan los mil dramas escritos entre la roca marina y las aguas mezcladas del mar y el océano, las del Atlántico y del Cantábrico.
Es un paisaje con mucha magia y que se extiende desde que doblas la Ría de Cedeira hasta que llegas a la ensenada de Cariño.
De este trayecto son varios y muy recomendables los lugares a visitar, porque en todos ellos… viven las almas su eternidad.
AJOS PARA SEGUIR EN LA BATALLA
Ya se sabe, los móviles lo dicen todo ahora, incluso cierran las discusiones familiares con su información. Si no sabes algo, le consultas al celular, como le decís en América… y ya está. Mi móvil es de los antiguos y no sirve para esas consultas. En realidad, ya no me sirve para nada porque nadie me llama y por eso lo tengo encima de la mesa como un trasto más de los que acumulo sin saber bien para qué me sirven.
Me consuela saber que hay gente, como el gran Pepe Sacristán, que nunca tuvo móvil en su vida. Este actor es un crack del teatro, el cine y la televisión. No sé cuántos años tiene, pero…
—- Espera que le pregunto al móvil… ¡Ya está! ¡Joder, tiene 88!
Sacristán dice que son los ajos de Chinchón los que le permiten seguir tan activo, que este año emprende una gira por España con su nueva obra, “El hijo de la cómica” y que está estudiando el guion de una película. Tendré que probar los ajos esos para ver cuánto tiempo podré seguir en la batalla…
AQUEL CHEFF DEL HILTON DE CARACAS

La fantasía de nuestros pueblos está en sus gentes, en las emigradas, las que hicieron posible esa cosmovisión nuestra que aún hace latir el corazón de América.Una noche en Caracas, el inolvidable Ramón Piñeiro, ya sabes, el de El Portón, me invitó a compartir anécdotas con “Pepe de Redondela”, que ni realmente se llamaba José ni era de la popular villa de los viaductos.
Ese era solo el nombre de batalla del gran cocinero Raimundo Seijas, nacido con el siglo XX en un pequeño lugar de Moscoso, al pie del Suido, y que hoy descansa en paz en el cementerio de la capital venezolana.
Raimundo era entonces cocinero del Hilton y presumía de ser gallego tanto como de la gente ilustre para la que había cocinado a lo largo de sesenta años en los fogones del continente americano.
Jamás escuché a nadie hablar con tanta pasión de Pazos de Borbén, de sus productos gastronómicos y de su paisaje. Ni nunca me sonó tan dulce aquel gallego caraqueño, que hablaba Raimundo, “Pepe de Redondela”.
En Pazos de Borbén, el pequeño municipio que trepa hacia la sierra escapando de la Ría de Vigo, nacieron muchos de los protagonistas de aquella historia que surgió de la necesidad.
Cuando uno se sienta ante la grandiosidad del paisaje de Pazos, es inevitable sentir la presencia de los que están o estuvieron fuera. Por eso yo, cada vez que voy por Pazos, me pongo a conversar otra vez con “Pepe de Redondela”.
La última vez me dijo:
—- Na miña vida tiven algún momento de ledicia que me ensinóu o que non precisaba mudar; algún momento triste no que aprendín o que tiña que cambear; e algún momento difícil que me amosóu o que era capaz de superar…
¡Filosofía pura de ánima sabia de las muchas que, aunque no lo creas, caminan a tu lado por los espacios bellos de esta Tierra Única!
Mañana te contaré mas cosas para que nunca dejes de animarte aunque llueva como lo está haciendo este lunes.
Xerardo Rodríguez




