MIS PAISANOS, LOS BANCOS Y UN BANCARIO

El sol llenó los caminos otra vez, por momentos, y en las eiras de las casas de la aldea volvió a reunirse este personal tan peculiarmente interesado en la economía del país. No sé si tú lograrás entenderlos… porque a mí se me hace difícil.

—- Na cola da pensión ainda botei ben, ben, ben… media hora.

—- ¡Ai! ¡Pois hoxe despacháronche depresa!

—- Eu non sei como non a mandan a casa…

Los dos colegas, sentados en banco de piedra y con los brazos apoyados en un bastón tan viejo como ellos, hablaban de la cola que tienen que hacer para “cobra-la paga”. Sí, la pensión. A estos y a otros muchos como ellos eso de “teos cartiños no banco” no les va mucho y los “sacan” tan pronto como se los “meten”.

Esta gente paga todos sus recibos en mano y el banco es un mero elemento receptor del que no se fían. No tienen tarjetas de crédito y su secreto es el elemento que utilizan como caja fuerte para guardar sus ahorros en casa…

No les hables de comprar o vender por Internet, ni del dinero plástico, ni de elementales cuestiones de seguridad, ellos siguen su método que es el de sus padres y el de sus abuelos…

—- Cobrar e pagar, e si queda algo gardoo eu, que teño sitio dabondo…

—- ¡Ben falado!

Entonces les preguntas…

—- ¿E non tedes medo a que vos atraquen?

—- Non ó, nos non somos un banco.

—- Si veñen os “romanos” fuxen… Bótolle os cans e saco a escopeta, cago en diola.

Sus “seguros” son “os do campo”, más o menos iguales que los de la industria y los servicios. Solo que, de siempre…

—- Na nosa casa pagamos tres recibos, un por cada membro de familia.

Y así, cuando les llegó la hora de la jubilación a todos se encontraron con tres pagas en el hogar…

—- Pra ir tirando, non creas que da para moito…

Eso, mas lo que cultivan para su consumo, algún cabritiño que dan las ovejas, los pollos que matan al año, los huevos de sus gallinas, todo en conjunto, hacen que los jubilados de mi aldea lleven una vida plácida y no hayan oído hablar en su vida de un crédito. No quieren saber nada de bancos, ni de bancarios, ni de banqueros

No te extrañes pues de que aquellos que se fueron a la gran ciudad en busca del fracaso prometido por el abuelo sabio ya estén de vuelta, otra vez con el sacho en la mano.

Aunque, eso sí, algunos de nuestros nietos veinteañeros siguen emperrados en probar como se vive de inmigrante en país ajeno.

Los bancarios cumplen órdenes de los banqueros, que son los que mandan en todo. Ellos saben que esas directrices no tienen buenos principios y que las consecuencias finales, si las cumplen, tampoco son buenas para nadie, solo para la banca. Así pasa lo que pasó con las preferentes, sin ir más lejos. Ya lo dice el viejo proverbio: la banca siempre gana.

Por eso no me extraña que un bancario de Friol se haya quedado con dinero de los clientes porque sabe que el banco, el Santander, se lo devolverá en cualquier caso.

Él, con esa falsa maniobra en la oscuridad, o se hacía rico o terminaba en la cárcel. Era un juego y como tal arriesgado. Y se dijo a sí mismo que cualquiera de las dos opciones era mejor que sufrir la vergüenza de tener que escuchar la repetida pregunta de su padre…

—- Hijo… ¿Pero por qué me has engañado a mí?

J. C. R. A. era un buen director de sucursal para la familia Botín. Llevaba en Friol, Lugo, un montón de años. Seguramente pensó que nadie se daría cuenta del truco, pero sí se enteraron los clientes y por ellos los directivos del banco y los directores de esos directivos. Lo echaron y ahora es un “huido de la justicia”, como Puigdemont.

Había dicho…

—- Fulanito tiene el dinero a plazo fijo. Pues le saco 100.000 de la cuenta y los cubro con 100.000 de menganito y así voy haciéndome yo con unos cuartiños.

Pero lo descubrieron y ahora seguro que, tarde o temprano, termina en la cárcel.

EL PRIMER AMOR

Era una sirena nacida del agua del Miño.

Entonces, te miraba como un felino desde el pupitre de al lado en aquel instituto del Posío, aún sin bautizar. Aquella tarde habíamos decidido saltarnos la gimnasia para caminar hacia el Monte Alegre. Yo quería ponerle Ourense a sus pies.

Vicky estaba espléndida para mi adolescente concupiscencia y por las prisas ya nos cansamos en la ascensión por el camino que rompiera la lluvia de invierno, poco antes de llegar a la cruz. Así que, hicimos una pausa y ella dijo:

—- Bésame…

—- ¿Cómo?

—- Bésame en los labios…

En realidad, fue Vicky la que rompió la magia del primer momento, apretándose fuerte contra mi débil cuerpo juvenil y mojándome todos los sentidos para que yo gozara del primer momento sexual de mi vida.

Pasó aquel curso y nuestros caminos divergieron hasta que volvieron a confluir, en los años setenta, en el Vigo pre-revoluciario del metal y de aquellas radiofónicas noches que se esfumaban como una quimera en la barra de un bar al que, nunca supe por qué, le decían americano…

Detrás de una de aquellas barras se me apareció Vicky, otra vez, vestida de mayor, generosamente descubierta, con rímel que destacaba sus aún bellos ojos felinos, un toque carmesí sobre los labios y unos coloretes inocentes sobre las mejillas. El vestido gris plata, ceñido, dejaba ver su silueta pese a la luz tenue del local…

—- Tómate una copa. Invita la casa.

Tomé una, dos y tres y cuatro…

Hasta que descubrí en la esquina de la barra a aquel tipo. Vestía de vaqueros y chupa de napa, la imitación del cuero de la época. Tenía la cara cortada y una mirada asesina. Pensé que no era trigo limpio. Y me fui.

Reencontrando la paz de la ría Vigo, espléndida aquella noche, pensaba como podía haber ocurrido… Porqué Vicky “buenas notas” había terminado su carrera en una barra americana…

Hasta que un día, mientras en “Galicia de noite” sonaba “Spring, Summer, Winter and Fall”, me pasaron una llamada misteriosa…

—- ¿Quedamos?

—- Bueno.

El Flamingo estaba desierto, y a punto de cerrar. Y allí estaba ella, deslumbrante, de calle, con el humeante café a punto de mojar sus labios lo que me recordó aquel primer beso. Pero ella solo quería contarme…

—- Me quedé huérfana, mis padres murieron en un accidente de tráfico…

—- Lo siento… ¿Y?

—- Tenía que conseguir dinero para irme a Madrid y seguir mi carrera. Y ya lo tengo. Me voy y quería contártelo.

Apuró el café y se refugió del orvallo bajo el paraguas. Mientras mi mirada la iba perdiendo en el fondo semioscuro de Príncipe, algo en mi interior me decía que, al día siguiente, debería abrir el programa con “Suzanne” y Leonard Cohen.

Un mes más tarde, Vicky era ya modelo de lencería femenina en más de mil vallas de carretera y poco tardó en desnudarse en el cine, en aquellas películas de la caspa y el destape del postfranquismo inmediato, que ahora imita muy bien Santiago Segura.

Hoy, mayor y sin la tersura de su rostro bello, aún conserva a los setenta aquellos ojos de felino; se mueve bien por los platós de televisión y hace de mamá en las teleseries…

Aunque, cada noche, Vicky seguro que se acuerda de Nadiuska, su compañera y amiga, no sé si también amante, en aquellos años de cine…

Yo nunca os diré con qué nombre artístico la conocéis. Porque para mí será siempre Vicky. Pero hoy lloro su partida, que a pesar de ser mucho mas joven que yo ha querido marcharse antes de este mundo de mierda. Descanse en paz Vicky, mi primer amor. Seguro que se encuentra con mi amigo Fernando Ónega…

—- Por favor, dile que sentí no poder despedirme de él…

LA VIOLENCIA “DOMESTICA” ES IDEOLOGÍA VATICANA

A ver cómo te explico esto.

La ideología vaticana, de siempre, quiere que confundas la violencia de género con la violencia doméstica. Porque si reconoce que existe el machismo va contra sus propias ideas. En España, estado aconfesional, conserva la Iglesia Católica un enorme poder y una gran influencia sobre determinados status sociales a los que los ultras de Vox prestan especial atención programática porque en ellos está su caladero de votos.

Esa postura de la ultraderecha de querer derogar la Ley de Violencia de Género tiene una relación ideológica con el conservadurismo retrógrado del Vaticano que provoca la inaceptable política de Vox, en cuyo discurso lo más liviano que escuché es su declaración homofóbica como principio. Esto, sin embargo, no debe extrañarnos, porque así fue siempre, desde que Franco iba bajo palio en las principales procesiones festivo-religiosas y desde que se autorizó el Opus Dei como organización católica, aunque se tratase en realidad de un grupo de influencia social, económica, política e ideológica.

Pero conviene recordar que fue el pleno del Tribunal Supremo quien distinguió en una sentencia, hace ya una década, que, en una agresión mutua entre un hombre y una mujer, que tengan relación de pareja o ex pareja, la violencia que él ejerce sobre ella debe ser considerada violencia de género.

El TS dejó bien claro en un fallo que sentó doctrina judicial que “los actos violentos que ejerce el hombre sobre la mujer en una relación afectiva de pareja constituyen actos de poder y superioridad con independencia de cuál sea la motivación o la intencionalidad y constituyen un delito de violencia de género”.

Para que les quede claro a los fachitas y a los curitas.

XERARDO RODRÍGUEZ