Texto y fotos de Ángel Lorenzo

A diferencia de otras localidades, donde hermandades y cofradías cuentan con espacios propios para custodiar su patrimonio artístico y preparar las celebraciones, en Cangas do Morrazo gran parte de estas labores se realiza en domicilios particulares. En ellos se llevan a cabo trabajos de conservación, restauración y puesta a punto de las tallas e imágenes, reflejo del compromiso y la implicación directa de los vecinos en el mantenimiento de una tradición profundamente arraigada en la villa.

De entre todos estos espacios, la conocida como Casa de Novenas ocupa un lugar especial. Desde hace más de un siglo, la Cofradía de la Misericordia conserva y protege en este inmueble, situado muy cerca de la excolegiata de Cangas, toda la imaginería de Ignacio Cerviño, así como andas, útiles y enseres, convirtiéndolo en un enclave fundamental para la organización y preservación de la Semana Santa canguesa.

En estas fechas, este espacio adquiere una actividad especialmente intensa. En su interior se disponen pasos como el Nazareno con la Cruz a cuestas, la Santa Cena, el Cristo del Descendimiento y el Calvario, las Santas Mujeres, San Juan o el popular Francisquiño da Ferramenta, entre otros de propiedad de la Cofradía de la Misericordia, a la espera de ser trasladados a la iglesia mayor, en una de las jornadas más relevantes de preparación de la Semana Santa. El agradable olor a flores frescas e incienso inunda el lugar, aportando una atmósfera única que refuerza el carácter solemne y especial de estos preparativos.

Este enclave atesora también una valiosa memoria viva. Se le conoce por este nombre porque en su interior se custodian todos los elementos necesarios para las novenas de San José, la Virgen del Carmen y la de las Tres Gracias o del Nazareno. Aunque también en el pueblo se le denomina también Casa de Ánimas, porque era esta Cofradía la encargada de las funciones mortuorias y funerales. Al guardar la cera de las procesiones y los velones de difuntos, también era nombrada como Casa de la Cera o, incluso, Casa de la Misericordia.

El que fuera durante años presidente de la Cofradía de la Misericordia, Carlos Hermelo García, recuerda cómo en su momento fue necesario acometer distintas reparaciones en el local para garantizar su conservación. En su memoria afloran también los recuerdos de Valentín Bermúdez Broullón y de su infancia, cuando la puerta del inmueble era de doble hoja, cerrada con celo para evitar que se viese el trabajo que se realizaba en su interior, preservando así el carácter casi íntimo y reservado de estos preparativos.

Hoy en día, sin embargo, la Casa de Novenas es un espacio abierto a la comunidad. Son muchos los vecinos que llaman a su puerta para contemplar de cerca el proceso de preparación y embellecimiento de las imágenes. En los días previos a la Semana Santa, la afluencia es constante, con especial interés por el Cristo de la Urna, recientemente restaurado, que se ha convertido en uno de los principales focos de atención para quienes se acercan a vivir de cerca estos momentos únicos.

A esta actividad también se suman las visitas de antiguos responsables de la cofradía, que mantienen vivo su vínculo con la institución. En las jornada previas a Semana Santa, el propio Carlos Hermelo García y José Guimeráns Casas se acercaron al local para interesarse por el avance de los trabajos y ofrecer su colaboración. Previamente, también lo habían hecho Manuel Rodríguez Pereira y José Luis Casas, en un gesto que refleja la continuidad generacional y el compromiso compartido con la Semana Santa canguesa. En su memoria revoloteaba cómo esta Cofradía se configuraba con dos familias: una por el barrio del Señal y otra por la del Costal, ellas eran las que soportaban todo el pese de la entidad, aunque con la ayuda desinteresada de muchos vecinos.

Entre los visitantes también destacaron Jesús Bernárdez y Francisco Soliño, ambos muy ligados históricamente a este recinto, quienes aprovecharon su paso por el lugar para rememorar anécdotas del siglo pasado. “El tiempo no transcurrió en balde”, recordaban, poniendo voz a la memoria colectiva que sigue viva entre las paredes de la Casa de Novenas.