Por Ángel Lorenzo, texto y fotos

Sábado de Gloria en Cangas: un día de recogimiento, espera y contemplación del Santo Cuerpo

El Sábado de Gloria en Cangas se vive como una jornada de profunda serenidad, recogimiento y espera tras la intensidad de los días previos de la Semana Santa. Después de las procesiones del Miércoles de la Soledad, el Jueves Santo y el Viernes Santo —con actos como el Santo Encuentro, el Descendimiento o el Santo Entierro—, la villa se sumerge en un ambiente de silencio que invita a la reflexión.

Se trata de un día de luto marcado por la contemplación, pero también por la espera contenida ante la inminente Resurrección. En este contexto, muchas familias aprovechan para acercarse a la excolegiata de la localidad, donde pueden visitar de forma pausada las imágenes que durante la semana recorrieron las calles. Lejos del bullicio procesional, el templo ofrece un espacio íntimo en el que fieles y visitantes contemplan con calma cada escena, reviviendo los momentos centrales de la Pasión.

Especial protagonismo adquiere el Velatorio del Santo Cuerpo de Cristo, expuesto en urna sepulcral para la veneración. La composición está presidida por el Cristo del Descendimiento y el Calvario, obra de Ignacio Cerviño (1877), acompañado por las Santas Mujeres —María Magdalena, Salomé, Cleofás y la Verónica— y la Virgen de la Soledad, todos ellos sumidos en un riguroso duelo. El silencio que envuelve el templo refuerza la sensación de respeto y dolor por la muerte de Cristo.

La jornada recuerda las horas de incertidumbre vividas por los discípulos y la Virgen María entre la crucifixión y la resurrección, un tiempo de espera que la tradición sitúa en torno a cuarenta horas de vigilia, puente entre el dolor del Viernes Santo y la esperanza del Domingo de Pascua.

Al caer la noche, la atmósfera cambia con la celebración de la Vigilia Pascual, que marca el tránsito del duelo a la esperanza. La ceremonia comienza con la bendición del fuego nuevo y la entrada de la luz en el templo, simbolizada en el cirio pascual. A partir de ahí, se suceden la liturgia de la palabra, la bendición del agua y la eucaristía, culminando con el anuncio de la Resurrección.

Será entonces cuando las campanas rompan el silencio mantenido durante el triduo pascual, recuperando su sonido en un repique solemne. Este toque manual, reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en 2022, simboliza el paso definitivo de la oscuridad a la luz y pone el broche a una jornada que, en Cangas, se vive con calma, tradición y profunda emoción.