Eugenio Eiroa Hermo (q.e.p.d.)

A la memoria de mi padre...

Leemos -con inmensa pena- lo que supone que algunos vuelvan a las andadas...
Repiten como papagayos -dicho sea con perdón- y... ahí queda. No aprenden, pues, quienes están obligados a aprender; no vale lavarse por si acaso las manos y así decir que el Cruceiro do Hío es obra de José Cerviño, aunque algunos investigadores atribuyen la autoría a Ignacio Cerviño...
Leímos con tristeza, este sábado; y deducimos que determinado periodista, en determinado medio impreso, quiere catequizar de nuevo, con su aserto de que el Cruceiro do Hío es obra de José Cerviño. ¡Qué pesadez!.

Si mi querido padre viviese, se moriría tal vez de la pena infinita que tiene que producir el hecho... de que sus magníficas y contundentes investigaciones, documentadas y de tantos años, hayan servido para tan poco.
Menos mal que estos días atrás, un grupo de estudiosos e investigadores sobre la obra de Ignacio Cerviño en el término municipal de Cangas, han vuelto a poner en valor todo lo hecho y protagonizado por Ignacio en cuanto a imaginero y, de paso, no se les ha ocurrido renegar sobre el reconocimiento a Ignacio Cerviño, como autor del Cruceiro do Hío. Hay que agradecer a todos los que han intervenido en esas jornadas, en la Capela do Hospital, en el orillamar cangués, su apología del tallista y escultor Ignacio. 
Mi padre, seguro, estará en el más allá muy orgulloso de todos ellos, sin distinciones, aunque -¡qué duda cabe!- le habrá hecho especial ilusión la intervención brillante de la licenciada en Bellas Artes e Historia del Arte, Inés Costas Villar, quien ya en años atrás, en su trabajo fin de carrera, había dedicado sus notables esfuerzos a desarrollar sus informes e investigaciones sobre la figura de Ignacio Cerviño, plasmando así un muy interesante trabajo, donde lo investigado en su día por Eugenio Eiroa Hermo ocupa reconocido y adecuado lugar.

La experta en Historia del Arte, Inés Costas Villar, fue uno de los ponentes que intervinieron en días pasados, en Cangas do Morrazo, en unas jornadas sobre la figura de Ignacio Cerviño. (Foto en "21noticias.com")

Este sábado final de Agosto, la Prensa impresa vuelve a ofrecernos la noticia de que un energúmeno -o varios energúmenos, pues el asunto está siendo investigado- atentó (o atentaron) a mediados de Julio pasado, contra la integridad del Cruceiro do Hio. 
Se supone que aprovechando la nocturnidad, alguien se subió al monumento, se agarró a la figura de Adán y se la cargó, acabando aquella hecha pedazos... un desastre. Un desastre que se repite, diría mi querido padre, que en tiempos de antaño ya había sufrido lo suyo cuando "su" querido Cruceiro, en gamberrada similar, sufrió el deterioro, también, de las figuras de Adán y Eva, producto de la gamberrada entonces de otros imbéciles, subidos al monumento y agarrados donde no debían, tal vez para aparecer retratados para la posteridad... retratados como lo que eran, unos vándalos, cabría decir si así fuere.
En aquel tiempo, mi querido padre, inició una batalla -que aún duró lo suyo- para reponer en las debidas condiciones, lo dañado por los impresentables de entonces en el Cruceiro. Se hizo la reparación y aquello quedó en orden. Ahora, este verano tan lejano a aquel entonces, llega la triste noticia de la repetición de la jugada a cargo del bárbaro de turno...

En aquellos tiempos lejanos que hoy evocamos, Eugenio Eiroa Hermo propuso soluciones de conservación y protección para el Cruceiro do Hío. La primera -que se llevó tiempo después a efecto- era la colocación de una verja alrededor del monumento, para que así nadie tentase de arrimarse más de la cuenta a las figuras que plasmó Ignacio Cerviño en tan valioso monumento.
En principio, parece que la verja sirvió a los fines con los que fue instalada. Hasta que ha llegado un día en que... ni la verja ha sido respetada.
Aprovechó mi padre, también, en aquel entonces, para proponer algo más... explicó que la verja podía ser una solución momentánea, pero que -el tiempo lo estaba demostrando- el Cruceiro estaba amenazado por los vándalos por un lado, pero por la erosión, deterioro ambiental y proliferación de musgos, líquenes y otros lópeces similares... era una constante con el paso de los años y no había que olvidar que esos elementos erosionan peligrosamente la piedra, además de crear notorias manchas. Recomendaba mi padre eliminarlos, usando limpiadores específicos, al tiempo que sugería la impermeabilización de la piedra y evitar de una vez la exposición -ya que no al sol- al menos al viento y la lluvia tan frecuente. Para ello, Eiroa Hermo hablaba de la necesidad de que se estudiase crear una especie de funda del Cruceiro, hecha en cristal blindado o en moderno metacrilato, una especie de "campana" transparente, que no dificultase para nada la visión del Monumento, albergando el aditamento en su interior un sistema de iluminación que realzase la belleza del Cruceiro cuando la noche se hiciese presente, en Verano y en fines de semana de las restantes estaciones del año. El único coste de mantenimiento sería una limpieza periódica externa de la "campana", dos veces por semana en Verano -sugería mi padre- y los viernes, cara a los visitantes del fin de semana, en las restantes estaciones del año...
Con lo de la verja, aún hicieron caso a mi padre.
Pero con lo de la "campana" del Cruceiro... resultó que no. El tiempo ha ido pasando, el Cruceiro se sigue deteriorando año a año, la protección -cara a la erosión y la intemperie- que tiene tan delicado monumento -por las diversas figuras que alberga- es nula y... ahora ya ni la verja sirve ante la osadía de los energúmenos.) - EUGÉNIO EIROA FRANCO
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El Cruceiro, su verja y la iglesia de San Andrés do Hío

Parte superior del Cruceiro do Hío

POST SCRIPTUM 1)
Una consulta en la Inteligencia Artificial del antiguo Twitter, actualmente X, la llamada Grok, reza así : "Hío : el escultor Ignacio Cerviño no era familiar del cantero José Cerviño". Y GROK contesta : 
"Correcto, el escultor Ignacio Cerviño Quinteiro, conocido como el "Maestro Cerviño" y autor del Cruceiro de Hío, no era familiar directo del cantero José Cerviño García. A pesar de compartir el apellido Cerviño y estar vinculados a la parroquia de Aguasantas (Cotobade, Pontevedra), investigaciones genealógicas y estudios históricos confirman que pertenecían a ramas distintas de la familia, sin un parentesco cercano documentado. Esta distinción es crucial para la atribución correcta de obras como el Cruceiro de Hío, que se asigna a Ignacio Cerviño". Así dice textualmente la Inteligencia Artificial.
Mi querido padre, que falleció poco antes de que esto de la Inteligencia Artificial comenzase a estar en ahora en boga, allá donde se encuentre, en el más allá si Dios quiere, estoy seguro que estará feliz de leer estas líneas. Hice otra consulta, querido padre, a la IA de Grok y... mira qué facil. La pregunta es sencilla. Y la respuesta también... sin ambages, sin vueltas, sin lavarse las manos, porque como tu bien decías : "En historia, hay que dejarse de historias, son los datos, las pruebas, los documentos... los que cuentan". Verás : pregunté a Grok : "¿Quien es el autor del famoso Cruceiro de Hío?. Y me dijo la Inteligencia Artificial :  "El autor del famoso Cruceiro de Hío, ubicado en la parroquia de Hío (Cangas, Pontevedra), es Ignacio Cerviño Quinteiro, conocido como el "Maestro Cerviño". Este escultor y cantero gallego, nacido en Aguasantas (Cotobade, Pontevedra), creó esta obra maestra del arte barroco gallego en 1872. El cruceiro, considerado uno de los más destacados de Galicia, es conocido por su detallada iconografía y su representación del Descendimiento de la Cruz".
Punto pelota. Enhorabuena, querido padre, tus años de lucha, investigación y desvelos, SÍ que han servido para algo; aunque de vez en cuando, como este sábado, un vivalavirgen aparezca por ahí pretendiendo que "vire o disco e toque o mesmo"; pues NO, va a ser que no...

POST SCRIPTUM 2)
Por si algunos de nuestros lectores aún no han visitado el Cruceiro do Hío, en el municipio de Cangas do Morrazo, me permito, aunque no sean exactamente esas mismas palabras, reproducir aquí en una versión mucho más resumida, lo que mi querido padre, explicaba durante décadas a todos cuantos amigos y amigas, conocidos y no conocidos, cientos, tal vez miles de visitantes que acompañó a visitar tan impresionante obra, sin duda el más importante y magistral de todos cuantos cruceiros en piedra existen en Galicia. Decía, más o menos así, Eugenio Eiroa Hermo mientras ilustraba con sus explicaciones la visita al núcleo que integran el Cruceiro, la iglesia de San Andrés e incluso la Rectoral de la parroquia do Hío :

"Una de las más características y originales manifestaciones de la arquitectura popular gallega son los cruceiros, situados normalmente en los atrios de las iglesias, entradas de cementerios, cruces de caminos -para protección de los viandantes- y santificando incluso espacios relacionados con creencias paganas. Lo mágico y divino se confunde en el origen y la historia de estas emblemáticas esculturas que eran construidas muchas veces por maestros artesanos, sobre todo con carácter de devoción; aunque en algún caso como este, nos hallemos ante la obra de todo un maestro escultor como fue Ignacio Cerviño, recuerden, Ignacio Cerviño... que no les cuenten historias de un tal José, Pepe da Pena y no sé qué más.….. 
Estamos pues, ante uno de los mejores ejemplos, tal vez el mejor de los Cruceiros existentes... todo un referente en Galicia y lo encontramos aquí, en Cangas, el Cruceiro do Hío, obra cumbre del maestro Ignacio Cerviño, que data de 1.872 y es una de las creaciones de este tipo más exquisitas que hayan salido de la mano del hombre. 
Su fecha de construcción la sabemos por varias razones, pero singularmente gracias al angelito que está en el alto de una columna a su lado. En el pergamino que lleva en la mano se puede leer: "Limosnas para el Santísimo Cristo de la Luz 1872". Esta fue la fecha en la que se inauguró este Cruceiro, para conmemorar la festividad anual del Cristo da Luz
Conviene que observen bien esta maravilla, tallada en su mayor parte en un único bloque, por lo que llegamos al convencimiento de que el maestro Ignacio Cerviño no alineaba sino en la genialidad : solo así entendemos que haya creado una obra que trascendió de lo temporal, para alcanzar las más altas cuotas de expresividad artística gallega en este tipo de monumentos.
Vale la pena esforzarnos admirando lo que tenemos delante, en aras de contemplar con detenimiento las diversas tallas que el Cruceiro incluye, los múltiples rostros que lo animan y le dan vida, para componer así un global de la Historia de la Salvación de la Humanidad.
El Crucero arranca del suelo con una escalera octogonal de tres escalones, a la que le sigue un ara sobre la que se asienta la estructura principal de la obra, compuesta por base, fuste y cruz. Cada una de estas realizada en una sola pieza.
La base está formada por cuatro espacios o fornelas orientadas a los puntos cardinales. La de la cara sur nos muestra a Eva con la manzana en el momento de ser tentada por la serpiente. En este caso se puede hacer una lectura como de principio y fin, ya que si el Cruceiro comienza -digamos- con el Pecado Original, acaba, allá en lo más alto, con la redención de este, por medio de la muerte en la cruz del hijo de Dios. La fornela que da al oeste forma conjunto con la anterior y representa a Adán en el Paraíso. En la siguiente imagen, Jesús -después de morir en la cruz- va al limbo a buscar a los Justos para conducirlos al Cielo. En este punto concreto tenemos que prestar atención a la forma en cómo están cinceladas las puertas del limbo. Mirando hacia la Iglesia de San Andrés está la cuarta fornela o espacio, que nos muestra a la Virgen del Carmen cómo redentora de las Almas del Purgatorio. Si nos fijamos, la figura a la que le extiende la mano tiene un barrete de cura... lo que nos da a entender que nadie dejará de ser "examinado" por su conducta en nuestra vida terrenal.
El fuste en su parte más baja tiene una inscripción en la que se imagina un nombre, que bien pudiera ser el del Arzobispo de Santiago, y bajo este, unas letras que rezan el siguiente: «Concedió cien días de indulgencia»... y esto sería así es que el arzobispo de la época concedió cien días de indulgencia leve a toda aquella persona que rezara un Credo delante del Cruceiro. 
Subiendo por la columna, nos encontramos a Adán y a Eva en el momento de ser expulsados del Paraíso. Es aconsejable siempre ver estas imágenes de perfil, ya que están unidas a la columna únicamente por los pies, de esta forma tomaremos conciencia de lo bien que están tallados los cuerpos de ambas figuras. Por encima del conjunto anterior está la Virgen Inmaculada derrotando a la serpiente, que -obviamente- encarna el mal. Dicha advocación está representada con sus símbolos habituales hechos en este caso de metal (plomo en la época) : una media luna a los pies y una corona con doce estrellas en cabeza. En la parte alta vemos al Arcángel Gabriel, ángel de la guarda, cogiendo al niño de la mano, que representa así que la inocencia que es salvada del Mal y por otro lado está el Arcángel Miguel que, como es habitual, se le simboliza luchando contra el Diablo. Para finalizar, debajo de la ménsula que sostiene el conjunto final, se encuentran los cuatro ángeles entendiéndose que sostienen la ciudad sagrada de Jerusalén...
En lo más alto del crucero se escenifica el desenclavo de Cristo. Esta es tal vez la parte más importante del conjunto, sin desmerecer para nada al resto. 
Hay que destacar ahí, cómo fue vaciada aquella única roca de granito traída en su momento de la zona de Liméns y transportada hasta O Hío. Es importante, ahora mismo, que cada uno de ustedes se pare a contemplar los detalles de las vestiduras y las proporciones de los cuerpos, pero lo primordial es la expresión que el brillante autor consiguió dar a las figuras. 
Haciendo una descripción de la escena, vemos que Jesús está siendo bajado de la cruz por José de Arimatea (propietario del sepulcro donde fue depositado el cuerpo de Cristo) y ayudado por Nicodemo. Abajo San Juan sujeta la zona de los pies, mientras la Magdalena se echa las manos a la cabeza y la Virgen María se arrodilla mirando hacia sus manos que, suponemos, tal vez soportaban la corona de espinas... o, simplemente, estaba a la espera para recoger el cuerpo yacente de su hijo. La escena que nos ocupa se completa con dos querubines que sostienen los clavos (el de la derecha) y la placa de INRI IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM «Jesús de Nazaret, Rei de los Judíos» (el de la izquierda). Las herramientas -en origen- también son de plomo...."
Etc. etc. etc.