SECRETOS DE ALCOBA

Las farmacias gallegas venden menos Viagra de lo que cabía esperar de su popularidad. Solo unas cincuenta mil pastillitas azules cada año. Y si nos fiamos de los secretos de alcoba que los gallegos cuentan y reflejan las encuestas, no es por su eficacia, sino porque no necesitan ayuda para ciertas cosas, de sábanas para adentro.            

La disfunción eréctil afecta solo a algo menos de un cinco por ciento de los gallegos y a partir de los 50 años; un porcentaje realmente muy inferior al de la media española, pese a que aquí, los viejos, somos muchos más.

Los expertos dicen que esto es consecuencia de que los gallegos vivimos con mucha más tranquilidad que en el resto de España…

“POLO MENOS TES PAGADA A HIPOTECA”

Ya es curioso que, cuando el mundo era testigo atónito de la primera de esas guerras y se destruía a sí mismo, por aquí habitasen solo 169 gallegos con cien o más años. Pasados aquellos lustros de hambre y exilio y a punto de abrir las puertas el tercer milenio, se multiplicó la cifra. Ahora, cuando la sociedad busca el cambio y no lo encuentra inmersa en el caos tecnológico, pocos ayuntamientos del país se quedan sin tener su pareja de abuelos… aún capaces de conversar para decir que no, que no es verdad aquello de que cualquier tiempo pasado haya sido mejor.

Por aquí, por la City, te dice Mucha…

—– Ser vello é unha gaita, pero polo menos tés pagada a hipoteca.

Unos sí y otros no…, me parece a mí. Pepe Loureda es más concreto:

—– Os vellos da aldea nunca tivemos hipoteca, que antes non nola daban.

Y Juancho, que solo se preocupa “porque o millo vaia para arriba na aldea”, tira de archivo para hacer una cronología muy especial de las edades del hombre:

—– Entre os vinte e os corenta tes ó poder de foder. Entre os corenta e os sesenta, ó poder de gastar uns poucos cartiños… Pero cando pasas dos sesenta ó único poder que che queda e o “poder mexar”.

Estos mis colegas perciben mejor que nadie la melancolía del invierno que se les echó encima, por eso aún les gusta contar experiencias. Han llegado a la edad de oro, que es el tiempo que marca la última vitalidad y acorta las distancias con el futuro, pero aún tienen sonrisas que repartir…

Los martes por la mañana solo quedamos los abuelos en el parque y somos, eso sí, muy repetitivos. Sin embargo, nadie aquí se lamenta por envejecer… un placer que se les niega a muchos.  

SENDEROS DE AGUA EN AMES

Queda aún en esta Galicia de la modernidad alguna gente con oficio protagonista de los mitos que pueblan el paisaje. Responde a la identidad de artistas asociados a la geografía de cada lugar. Es un rico mundo de esfuerzos poco compartidos, nacidos de las posibilidades de la tierra y desde la propia creatividad del hombre.

En ese mundo se mezclaron siempre la cultura y la tradición. Incluso, en tiempos antiguos, se establecían las relaciones sociales de taller o de viejo molino, donde surgían cómplices convivencias no siempre lícitas.

Ayer he subido al Monte San Marcos por los senderos del agua de Ames para imaginar cómo los abuelos de nuestros abuelos traían el maíz y el trigo hasta los molinos de la media ladera, río arriba. De ellos solo quedan las huellas en la fraga bonita; pero el río sigue siendo el mismo, el que lleva el agua clara hasta el valle, dando saltos de alegría entre las viejas piedras, sus amigas de siempre.

Xerardo Rodríguez